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el estandarte del ajedrez cubano

 

Lázaro Bruzón, el estandarte del ajedrez cubano

Resultó para todos una agradable sorpresa cuando, en la Olimpiada de Calviá, el equipo cubano se alzó con la séptima posición, una plaza que además situaba a los isleños en cabeza de todas las selecciones hispanas. Incluso el potente equipo anfitrión, cargado de estrellas, quedó por detrás, en el décimo puesto. Los jóvenes Lenier Domínguez y Lázaro Bruzón, con una performance de 2749 y 2771 respectivamente, fueron los artífices de ese gran éxito.

Pero no fue un logro aislado, como demuestra el buen resultado de la selección cubana en la pasada Olimpiada de Turín. Pese a que su posición final resultó esta vez más modesta (16ª plaza, con una performance de 2647 para Bruzón), Cuba se mantiene firme al frente del ajedrez latinoamericano, y demuestra que sin lugar a dudas nuestro deporte vive en la isla un momento dulce.

Aunque los orígenes de esta progresión cubana tienen raíces profundas, y habría que buscarlos en el decidido apoyo gubernamental al ajedrez y a la eficiente organización de la enseñanza de base, la responsabilidad deportiva recae desde hace ya varios años en los citados Lenier Domínguez y Lázaro Bruzón. Compañeros, amigos, y al mismo tiempo rivales desde las competiciones infantiles, los dos jóvenes talentos se han convertido en el estandarte del ajedrez cubano.

Ambos trebejistas han estado siempre muy parejos en resultados y nivel de juego, pero en los últimos años ha sido Lázaro Bruzón quien se ha desmarcado ligeramente, ya que luce en su palmarés los títulos de Campeón del Mundo Juvenil (Armenia 2000), campeón del Grupo B del torneo Corus (Wijk aan Zee 2004) y, quizá más importante, Campeón Panamericano (Buenos Aires 2005), por delante de figuras consagradas como Gata Kamsky y Julio Granda.

Alfredo Bruzón Ochoa y Emilia Batista Mastrapa son los progenitores de Lázaro, quien vino el mundo el 2 de mayo de 1982 en Holguín, una de las regiones turísticas más conocidas de la parte oriental de la isla. Muy pronto, cuando Bruzón contaba 6 años, se mudaron a la vecina provincia de Las Tunas, donde el niño tendría sus primeros contactos con el ajedrez. Fue en este caso un vecino, Reynaldo Milanés, quien les enseñó a jugar tanto a él como a Virgen, su hermana mayor.

“No sé a ciencia cierta qué fue lo que más me gustó, pero desde el principio me enganchó. Desde que aprendí a mover las piezas se convirtió en un vicio sano. Algunos le llaman pasión, pero yo prefiero llamarlo así. He ido descubriendo sus misterios y la posibilidad que e da a uno para desarrollar la mente. Es lo más importante de mi vida”, declaró en una entrevista para el diario “Trabaja”.

La práctica más seria y continuada comenzó para él en el ámbito escolar, alrededor de los nueve años de edad en la escuela Cristino Barreda. Tras destacar allí por su soltura ante el tablero, fue captado por Guillermo y Bernardo González, técnicos de la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) Carlos Leyva , que se convirtieron en sus primeros tutores. Y en años posteriores, también recibió formación de Luis Santiago Guevara –Comisionado Provincial de Ajedrez- y de Edilberto Mercante –entrenador en la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) Aníbal Ponte.

Ya enganchado al ajedrez, y con la adecuada tutela, comenzaron a llegar los éxitos. En 1996, con 14 años, se alzó con la victoria en los Juegos Escolares Nacionales, con el impresionante registro de 13 victorias en 13 partidas, lo que le valió un galardón como “novato del año”. Pero su mejor resultado de aquél año llegó en una de las semifinales del Campeonato de Cuba, celebrada en Puerto Padre, donde compartió el primer puesto: en su primera tentativa logró clasificarse para la final del campeonato nacional. Tan sólo Capablanca y Lenier Domínguez habían alcanzado a disputar esta prueba a una edad menor.

Celebrado en Matanzas, el campeonato nacional fue una dura prueba para el joven Lázaro, que ni siquiera figura aún en el ranking FIDE y tuvo que enfrentarse a los 13 mejores jugadores de su país. Tan sólo pudo anotarse cuatro puntos y acabó a la cola de la tabla, pero apuntó buenas maneras y se adjudicó su primera victoria frente a un Gran Maestro: nada menos que un histórico del ajedrez cubano, el que había sido Campeón Mundial Juvenil en 1986, Walter Arencibia.

1998 fue un año en el que Lázaro exhibió de nuevo sus progresos. De nuevo se clasifica para la final del Campeonato de Cuba –donde esta vez obtiene un mejor resultado-, se convierte en Campeón Nacional Juvenil, obtiene la primera norma de Maestro Internacional compartiendo la primera plaza en el Memorial Céspedes (cat. V), y se adjudica la medalla de bronce en los mundiales sub-16 celebrados en Oropesa del Mar.

Todo apuntaba al despegue definitivo, que no se hizo esperar. 1999 fue un año glorioso para el ajedrecista cubano, que no sólo logró las normas que le faltaban para obtener el título de MI, sino que en una racha triunfal de apenas un mes se adjudicó el de Gran Maestro, gracias a su actuación en los torneos Capablanca y Guillermo García. Todo esto en el mes de mayo, recién cumplidos los 17 años. Poco después, en agosto, le veríamos triunfar de nuevo en nuestro país, adjudicándose la victoria en el prestigioso Torneo sub-18 de San Agustín (Avilés, Asturias), escoltado por su compañero Lenier Domínguez, segundo a medio punto de él. Un año después, alcanzaría la consagración al convertirse en Campeón Mundial juvenil en Yerevan (Armenia).

“Si hablamos en cuanto a edad, sí, fue un ascenso rápido. Pero si tomamos en cuenta partidas y días de estudio, se me demoró muchísimo, aunque a algunos les parezca los contrario”, explica el joven talento. “Sin duda, el punto más importante de mi etapa juvenil fue el título en el Campeonato Mundial de Armenia en el 2000. Resultó un torneo difícil y el hecho de ser el segundo cubano que se convertía en campeón universal juvenil [tras el citado Walter Arencibia] me comprometió a seguir mi carrera con iguales o mejores desempeños”.

Sin duda ese año 2000 fue un momento dulce en su vida, ya que además de los laureles deportivos, contrajo matrimonio con la también ajedrecista Yanet Cueto, Maestra Nacional Cubana.

Los años posteriores confirmaron la gran talla del jugador cubano. En 2001, fue invitado al torneo Young Masters celebrado en Lausana (Suiza), y se llevó el triunfo, superando a quien poco después se convertiría en Campeón Mundial: nda menos que Ruslan Ponomariov.

Más flojo fue su paso ese mismo año por el torneo cuadrangular de Essen (Holanda), donde se tuvo que medir a una fortísima oposición formada por Korchnnoi, Van Welly y Susan Polgar. En este caso, no pudo evitar ocupar la última plaza, aunque se anotó una victoria frente a Víktor el terrible que atesora como un importante recuerdo, y que impidió el triunfo del suizo en la prueba.

En el 2003 se alzó con la victoria en el grupo élite del legendario torneo Capablanca, “el torneo que no se puede perder ningún ajedrecista cubano y reviste un gran significado para nosotros por ser uno de los más prestigiosos del continente americano” , según sus propias palabras. Y también debutó en la fase final de un Campeonato Mundial absoluto, aunque cayó eliminado en las primeras rondas.

Similar mala suerte corrió al año siguiente, en su segunda participación en un mundial. Pese a su buena actuación clasificatoria en el Panamericano, volvió a caer en la primera ronda en Trípoli (Libia), y fue esta vez su compatriota Lenier quien tuvo una destacada actuación, alcanzando el octavo puesto.

Fue por lo demás un año lleno de éxitos, que comenzaron con el triunfo en el grupo B del Torneo Corus (Wijk aan Zee), que le valdría la invitación para el grupo A al año siguiente. En abril y mayo vició de nuevo una intensa rivalidad con Lenier: Bruzón se coronaría por primera vez Campeón Nacional de Cuba, superando a su compañero, pero luego en el Capablanca se invirtieron las tornas, llevándose Domínguez el título y teniendo que conformarse Bruzón con la segunda plaza. Después vendría la fenomenal actuación de ambos en la Olimpiada de Calviá, ya mencionada, donde la performance de 2771 lograda por Lázaro contribuyó decisivamente al fantástico séptimo puesto de la selección cubana.

Con sólo 24 años, un palmarés lleno de títulos, y un carácter serio y disciplinado que es garantía de un progreso gradual pero firme, la carrera de Lázaro Bruzón no ha hecho más que dar sus primeros pasos: Sin duda los mayores éxitos están aún por llegar.

[Escrito en San Sebastián el 28 de julio de 2006; publicado en la revista Jaque-Practica el Ajedrez nº50, correspondiente a agosto de 2006]

 

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3 comentarios

  1. Natalia

    Hola me gustaría que le hicieras un espacio al Ajedrez en las provincias. Yo me encargaría de facilitarte alguna que otra información Desde Las TUNAS.

    1. CAISSA DIGITAL 1921

      Estimada Natalia

      En esta web estamos abiertos a todo el ajedrez que se juegue en Cuba o que jueguen los Cubanos fuera de Cuba en cualquier rincón, incluso cubanos que ya no vivan en Cuba pues todos los CUBANOS somo siguales. Hemos puesto noticias de torneos que se han celebrado en diversas provincias, pero para ello necesitamos nos hagan llegar la información. Dame un correo tuyo para enviarte mi correo y me envies toda la información que tengas sobre cualquier torneo al que tengas acceso, tanto de Las Tunas como de cualquier otro rincón de nuestra querida tierra. Desde el que escribes ahora supongo que no puedas acceder regularmente ni mandar mucha información, Tus datos personales no se divulgarán en nuestra web al menos que tu lo pidas expresamente, solo será de mi conocimiento. Pereo si solo puedes colgar la información tipo comentario no importa, yo lo tomo de ahí y lo cuelgo en la página.
      Quedo a la espera de noticias tuyas o de cualquier otro amigo interesado en divulgar el ajedrez en Cuba.
      Agradeciendo tus comentarios y participación,
      Saludos,
      Vlady
      CD21

      1. natalia

        Mira el hombre que masificó el Ajedrez en Cuba era tunero.

        http://natalia.cubava.cu/2015/07/21/el-hombre-que-masifico-el-ajedrez-en-cuba/

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