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Una intersección casual…

Enviado por José Lopez Santander

UNA ANÈCDOTA DE CAPABLANCA. UNA INTERSECCIÒN CASUAL

((José López Santander. (Miembro del equipo de ajedrez de la Facultad de Tecnología a mediados de los 70s y primer tablero de la escuela de Ingeniería Mecánica))

 

En pleno torneo Campeonato Universitario (año 1974-1975) cuando yo andaba por mis 23-24 años, en el Club Universitario del estadio Juan Abrahantes, estando sentado de frente a la entrada del club vi llegar a una figura interesante de nuestro ajedrez que conocía en fotos y nunca había visto personalmente, al Maestro Francisco Planas, Pancho. Era un anciano venerable;  blanco en canas, pequeño de estatura, trajeado,  mantenía todo su pelo. Padeció de Polio o alguna otra enfermedad en una pierna y usaba un tacón grueso, cojeaba. Le vi saludar a Hugo que lo recibió con mucho respeto insinuándole hasta una reverencia. Planas fue recíproco, se sentó y se puso a hojear un libro. Me tocaba jugar y cuando lo hice fui directo a hablar con Hugo.

Santa Cruz era una persona recta que amaba al ajedrez. Tenía un carácter fuerte y hubiera dado un buen director de escuela secundaria. Le pedí permiso  para conversar con Planas: significaba violar lo establecido. Claro que a regañadientes lo aceptó con la elemental condicional que no podía ni hablar de ninguna de las 64 casillas del tablero partida. Entonces le dijo a Planas que me atendiera. El diálogo fue algo así después de la elemental auto presentación:

 

—Maestro, me disculpa la curiosidad pero Ud. es la primera persona que tengo delante que haya tenido el privilegio de ser amigo de Capablanca, de haber recibido sus instrucciones. Y no puedo aguantar la emoción de conocerlo y de hacerle una sola pregunta—cuando me dijo  que sí pues yo continué—, ¿pudiera contarme algo de Capablanca que no esté registrado en ningún libro? Por ejemplo, se dice que fue perseguido por algunas mujeres de torneo en torneo, ¿qué hay de eso?

El viejo Pancho sonrió y me dijo que yo era un atrevido. Yo le riposté que eso que estaba en su mente quedaría en la mía para la posteridad y a su vez yo lo contaría y así se salvaría la vivencia. Entonces tosió, colocó el libro sobre un tablero y me contó la siguiente historia:

“En Buenos Aires 1939 yo estaba a punto de sellar la partida, pero me demoraba. Subí la vista y vi al Capa delante haciéndome tijeras con los dedos: era la señal de sellar ya. Lo hice y cuando salí del tablero me dijo que subiera a la habitación y me pusiera elegante que íbamos a pasear. Que no me demorara. Me esperaría afuera del hotel. Cuando por fin salí el Capa había alquilado un taxi. Tenía a dos amigas esperándonos. Salimos y estuvimos toda la noche divirtiéndonos.

“Mi preocupación aumentaba según avanzaba la hora pues a las 9 am continuaría la partida. Cuando dieron las 6 toqué en la habitación del Capa el cual me respondió con un regaño. Retorné y me decidí a esperar pacientemente por él. Casi a las 8 de la mañana el Capa me tocó la puerta, salimos, dejamos a sus amigas en un lugar y seguimos para el torneo. Entonces el Capa me dejó boquiabierto,  me recitó de memoria la posición de blancas y negras y luego me preguntó por la jugada sellada. Cuando se lo comenté me dijo que no era la mejor, que pudiera haber quedado mejor con otra que él me dijo y me explicó las posibles variantes. Luego me recomendó que si a mi jugada mi contrario me respondía con dos posibilidades determinadas, me las dijo con variantes incluidas, propusiera tablas pues había que descansar algo para la ronda de por la tarde. Tuve la suerte de que así fuera…pero te lo cuento más que por las mujeres por la forma y seguridad en que el Capa recordó la posición, y cómo analizó la partida sobre la marcha en todos sus detalles sin tener ningún tablero delante.

 

Le di las gracias a Planas y cuando me iba me dijo: ya cumplí contigo, no vengas en segunda vuelta. Claro que no lo hice.

Creo que yo jugaba con un experto de la época  de apellido Caballero y la partida estaba enredada. Cuando al final fue tablas descubrí a Pancho muy sentado de espectador mío. No me hizo ningún comentario. Sencillamente me dio la mano, se despidió y se fue. No lo vi más. Fue la única intersección que tuve con Planas.

 

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