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Capablanca: maestría fuera de los trebejos

 

Capablanca: maestría fuera de los trebejos

A pesar de los años, de las nuevas tecnologías, de estrellas destellantes en el firmamento mundial de los trebejos, el cubano José Raúl Capablanca y Graupera mantiene su condición de símbolo para los jugadores de todo el planeta. La imagen de quien naciera el 19 de noviembre de 1888, parece perpetuarse en los ajedrecistas, sobre todo, aquellos que nacen en países pobres y no cuentan con suficientes facilidades para ascender en el ámbito internacional.

Por Rigoberto Triana Martínez- 19 de noviembre de 2010

Fuente: Radio Surcon

Dotado de un talento que lo convirtió en el mejor del mundo entre los años 1921 y 1927, este genio realizó aportes muy útiles para la formación de los competidores que le sucedieron, y su influencia estuvo bien marcada en figuras como el norteamericano Robert Fischer y el ruso Anatoli Karpov, quienes así lo reconocieron en varias publicaciones.

Sin embargo, sus habilidades no eran exclusivas del ajedrez. Un juego tan apreciado en Cuba como el dominó constituía uno de sus entretenimientos en reuniones familiares, y de esa práctica existe una fabulosa anécdota.

Cuenta César Revuelta Capablanca, hijo de una prima del ex campeón mundial, que en varios encuentros sus padres y tíos jugaban dominó con él.

A diferencia de la variante más empleada en el país, el juego en parejas, en las mencionadas citas solían jugar “a la guerra”, es decir, la modalidad en la que cada uno compite por su cuenta, menos gustada en la actualidad porque al no haber coordinación entre dos personas, cualquiera gana.

Con Capablanca no era así. De cada 20 datas, ganaba 18 ó 19. En una ocasión, Enrique, uno de los primos, expresó que el campeón tenía mucha suerte. No recibió respuesta, pero sí una mirada que todos comprendieron.

Poco después surgió lo increíble, según el relato de César. Había terminado la data y por supuesto el genio venció. Mientras se movían las fichas Enrique volvió a comentar: “Qué lástima, me equivoqué, si hubiese puesto esta ficha, en lugar de la que jugué, hubiese ganado.”

Capablanca, se sintió ofendido: “Usted no sabe lo que está diciendo. Como esta data no ha comenzado, vamos a reproducir el juego anterior.”

Todos se quedaron mudos para presenciar el venidero incidente, calificado por Revuelta como un acto de magia. Capablanca puso boca arriba las 55 fichas y ante el asombro de todos, empezó a repartir a cada jugador las diez escogidas en la cuestionada data. De manera muy rápida separó las 15 sobrantes.

Entonces comenzó a reproducir la partida: “Yo abrí con el doble siete, fulano jugó tal cosa, este no llevaba y se pasó….” así llegó al momento del comentario de hecho por su primo.

“A ver, ¿cuál es su variante ganadora?”, indagó el ajedrecista, quien no recibió respuesta y prosiguió su intervención: “Hay tres variantes posibles: La primera es esta, al parecer fue lo que usted comentó. Como ve, el juego continúa así y gano yo. Con la segunda, la data se tranca aquí y también gano yo, por tener menor cantidad de puntos en mano. Y la tercera variante, fue la que usted escogió y con la cual gané el partido.”

Así, en pleno ambiente familiar, volvió a emerger el virtuosismo de este criollo, magnífico practicante de varios juegos de mesa y paradigma del juego ciencia. No por gusto su aniversario natal identifica el Día del Deporte y la Cultura Física en Cuba, y a la vez, el Día Mundial del Ajedrez.

 

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