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Tres momentos relevantes…

 

Introducción

    José Raúl Capablanca Graupera, nació en el Castillo del Príncipe, La Habana, el día 19 de noviembre de 1888 y estudió en la Universidad de Columbia (Estados Unidos). Se consideró un niño prodigio del juego ciencia, ya que aprendió a jugar al ajedrez a la edad de 4 años y con 13 ganó el campeonato de Cuba. Luego, jugó torneos internacionales en Europa y derrotó a varios de los mejores jugadores, adquiriendo la categoría máxima de un jugador de Ajedrez. En 1921 derrotó al campeón mundial Emmanuel Lasker, convirtiéndose así en campeón del mundo. En 1927 perdió su título ante el gran maestro ruso francés Alexander Alekhine, en un encuentro que duró tres meses. Entre 1910 y 1939 intervino en 36 torneos internacionales, de los cuales ganó 21, con un total de 261 partidas ganadas, 262 tablas y 26 derrotas. En Cleveland rompió el record mundial de simultáneas al enfrentarse a 102 tableros, donde ganó 101 partidas y perdió 1. En 1939 obtuvo la medalla de oro al Mejor Primer Tablero en la Olimpíada de Ajedrez celebrada en Argentina. Capablanca es uno de los más grandes ajedrecistas de todos los tiempos y fue seleccionado por los cubanos entre los 100 mejores atletas de Cuba en el siglo XX.

Desarrollo

Primer momento: match contra Juan Corso y Príncipe

    El primer momento cumbre que pasó a la historia, ocurrió en noviembre de 1901, cuando a la edad de trece años José Raúl Capablanca, derrotó al campeón nacional cubano de entonces, Juan Corzo y Príncipe con el resultado de 4 victorias, 3 derrotas, y 6 tablas.

    Juan Corzo y Príncipe fue un maestro de ajedrez cubano, nacido en Madrid, campeón nacional de Cuba antes que José Raúl Capablanca, que se convirtió en campeón del Club de Ajedrez de La Habana, lo que era suficiente para declararse campeón del país. Dotado de notable talento táctico, su derrota frente a Capablanca (4-3, 6 tablas) en 1901 marca el comienzo de la meteórica carrera del que luego sería campeón mundial. Junto con Capablanca fundó la Federación Nacional de Ajedrez de Cuba, y fue durante muchos años editor de la revista de ajedrez Capablanca.

 

Segundo momento: San Sebastián, 1911

    En San Sebastián, 1911 iba a celebrase uno de los torneos internacionales más fuertes de todos los tiempos. Desde entonces, esta bella playa española ha estado asociada con la historia del juego ciencia. En aquella ocasión presentaba un adecuado marco para eventos de tal envergadura, no solo porque la fundación de esa ciudad se remonta a la Edad Antigua sino por ser principalmente un sitio de veraneo en el Cantábrico, junto al mar.

    Nada semejante había ocurrido en España desde el año 1560 cuando se llevó a cabo el primer torneo que registran los anales del ajedrez. En esa época el rey Felipe II, entusiasta ajedrecista, donó mil ducados de oro para los premios, pues suponía que el triunfador sería el obispo español Ruy López de Segura (1530 – 1580?), que era su maestro y confesor. Los italianos: Cesar Polerio, Leonardo “il Puttino” y Paolo Bois “il Siracusano”, fueron los ganadores. De este modo vino a ser Paolo Bois el primer campeón mundial de carácter extraoficial, aunque igual título se le ha conferido al propio Ruy López.

    Ahora, en 1911, al cabo de más de 350 años, el único ajedrecista de lengua española invitado en un torneo internacional en España era José Raúl Capablanca.

    En San Sebastián hubo gran oposición de los maestros rusos Aron Nimzowitch y Ossip Bernstein a que Capablanca jugara, pues para ellos y según las estipulaciones del torneo, era requisito indispensable el haber obtenido un primer premio en torneos de esta categoría, o por lo menos dos terceros puestos en competencias de primer orden, condición que no cumplía Capablanca. En su haber solo exhibía como hechos meritorios, la conquista del campeonato de Cuba a los trece años de edad, como ya se ha referido, tras derrotar en un match a don Juan Corso en 1901, y haber vencido en competencia similar en 1909 a Frank J. Marshall, campeón de los Estados Unidos, con la notación de ocho partidas ganadas, una perdida y catorce tablas.

    El interés de los españoles porque Capablanca jugara en San Sebastián se basaba en que era el único representante de la raza hispana. Buscando un pretexto se le pidió a Marshall su opinión. Este respondió: “el maestro que a mí me gane un match, de ninguna manera puede considerársele jugador de segunda categoría”. (8: 258)

    La prensa y el consenso general admitían que uno de los tres vencedores serían Schlechter, Rubistein o Maroczy, agregándose que, con un poco de suerte, Capablanca podría alcanzar un cuarto lugar.

    Los premios eran en francos. El primero fue de 5 mil francos (mil dólares); el segundo de 3 mil francos, el tercero de 2 mil y el cuarto de mil. Hubo un premio especial de 500 francos que donó el barón Albert von Rothschild para la partida más brillante (que la ganó Capablanca precisamente a Bernstein). Además los no ganadores de premio recibirían 100 francos por cada punto ganado, lo que venía a ser un estímulo para evitar las tablas fáciles. Asimismo la organización del torneo corrió con los gastos de viaje de los participantes.

    A excepción del Dr. Emmanuel Lasker, entonces campeón del mundo, aceptaron la invitación los más fuertes maestros de siete países. Allí estuvieron:

  • Por Alemania: el Dr. Siegbert Tarrasch, de Nuremberg; Richard Teichman, de Berlin; Rudolph Spielman, de Munich y Paul S. Leonhardt, de Hamburgo.

  • Por Francia: David Janowski.

  • Por el Imperio Austro – Húngaro: Carl Schlechter, de Viena; el profesor Milán Vidmar, de Gratz, Oldrich Duras, de Praga y Geza Maroczy, de Hungría.

  • Por Estados Unidos: Frank J. Marshall, de Brooklyn.

  • Por Cuba: José Raúl Capablanca, considerado el campeón de América por su victoria en el match con Marshall.

  • Por Inglaterra: Amos Burn, de Liverpool.

  • Por Rusia: Akiba Rubistein, de Lodz; Aron Nimzowitch, de Riga y Ossip Bernstein, de San Petersburgo.

    Nótese que eran 15 maestros, “todos contra todos”, donde la prensa mundial estuvo pendiente. Al concluir la liga, fue Capablanca el ganador del primer lugar. Había ganado seis partidas, entablado siete y perdido una contra Akiba Rubistein.

Tercer momento: José Raúl Capablanca – Emmanuel Lasker: un match único en la historia de Latinoamérica

    En abril de 1921, José Raúl Capablanca, se convierte en el único latino americano que ha logrado llegar a campeón del mundo de ajedrez, al derrotar al alemán, doctor Emmanuel Lasker. Este hecho sin parangón en la historia del ajedrez cubano, tuvo su génesis diez años antes de ocurrir, pues el 26 de octubre de 1911, encontrándose ambos maestros en Estados Unidos de América, Capablanca por razones de estudio y Lasker trabajando como profesor de filosofía en la Universidad de Breslau, el primero lanzó su desafío para disputarle el título de campeón mundial de ajedrez al segundo que lo poseía desde 1894 cuando derrotó al austríaco Wilhelm Steinitz.

    En 1909, Capablanca realizó una extensa y notable gira por los Estados Unidos, donde jugó 734 partidas en sesiones simultáneas, ganando 703, empatando 19, con solo 12 derrotas. Estos resultados, lo hicieron merecedor de enfrentar al campeón norteamericano, el gran maestro internacional, Frank James Marshall, a quien venció con relativa facilidad: 8 victorias, 14 tablas y solo una derrota. Esta victoria tiene el mérito de que con 32 años de edad, el campeón norteamericano estaba en el momento cumbre de su carrera ajedrecística, pues asombraba al mundo con sus notables victorias, entre las que se encuentran sus triunfos en los torneos de Cambridge Springs (1904), Saint Louis (1904), Nuremberg (1906) y Dusseldorf (1908) sin haber perdido una sola partida.

    En 1911 Capablanca con 23 años se convirtió en el niño mimado del mundo ajedrecístico ganando inobjetablemente el fuerte torneo de San Sebastian, España, en el cual participaron los más encumbrados jugadores de la época con la sola excepción del campeón mundial el doctor Lasker.

    Con estos éxitos en su haber, Capablanca envía su carta de reto a Lasker, donde pedía conocer las condiciones de match. Lasker que hablaba correctamente el español, contestó que si al cabo de 30 partidas el score no acusaba una diferencia de más de un punto, el match debía considerarse empatado, quedando el título en manos del campeón.

    En un folleto que publicó más tarde Lasker, hacía una serie de consideraciones justificando tal actitud, que Capablanca había calificado de injusta, sobre todo en lo que respecta a la diferencia de un punto en el match, esto trajo por consecuencia que las conversaciones quedaran interrumpidas.

    En el torneo internacional de San Petersburgo 1914, Rusia, se volvieron a encontrar, donde ganó Lasker por medio punto de ventaja sobre Capablanca que ocupó el segundo puesto. En este evento participaron figuras cimeras del tablero como Alekhine, Marshall, Rubistein, Nimzowitch, etc. Este constó de dos fases. En la primera el ganador fue Capablanca, pero en la segunda y decisiva, triunfó Lasker. El enfrentamiento particular favoreció al maestro alemán una victoria y dos tablas en tres partidas. Durante la clausura del torneo, ambos olvidaron las diferencias anteriores, que se habían suscitado tras la respuesta injusta de Lasker a la primera solicitud de Capablanca para enfrentarlo por el reinado ajedrecístico universal e iniciaron una amistad duradera.

    La primera guerra mundial (1914-1918), paralizó la actividad ajedrecística internacional y en 1920 Capablanca viajó a Europa, donde editó en Londres su libro “My Chess Career”. Allí se entrevista con Lasker y llegan a un acuerdo con la Federación de los Países Bajos para jugar 30 partidas, recibirían 4000 dólares cada uno y los gatos pagos. Lasker tenía la intención de jugar allí la mitad del encuentro y el resto en EE.UU. Por motivos desconocidos no se desarrolló el match.

    El Manhattan Chess Club de Nueva York intentó organizar el encuentro y preguntó a Lasker si estaba dispuesto a jugar en sesiones de 5 horas en vez de a 4, facilitando así la organización. Este rehusó, alegando que esto favorecía a su más joven rival. Como esta propuesta no fue seria desde el punto de vista financiero todo se diluyó sin acuerdo concreto.

    En Chicago se suscribió el acuerdo, con un premio de 20 mil dólares, pero no se llegó a juntar el dinero prometido. Argentina tenía gran interés por el encuentro entre los dos ases del ajedrez mundial, pero desafortunadamente las gestiones se desvanecieron sin acuerdo concreto.

Lasker cede el título

    El 17 de junio de 1920, Lasker recibió una carta del Club Argentino de Ajedrez con fecha 15 de mayo de 1920, proponiéndole que jugara en Buenos Aires, pero bajo condiciones que se apartaban de lo pactado hasta entonces e interpretó su contenido como una crítica injusta a su actitud. Unido a los resultados desfavorables de todas las tentativas que se habían hecho hasta entonces, terminó por desalentarse e interpretando que el mundo ajedrecístico esperaba con agrado que el título de campeón cambiara de manos, tomo una resolución sorprendente. Escribió a Capablanca que no aceptaba el desafío, a la vez que le cedía el título de campeón, considerando que era el más capacitado y digno sucesor. “Más tarde – dice – advirtió que la referida carta estuvo en camino más de un año y en consecuencia, comprobó que su contenido no entrañaba en realidad una crítica a su actitud. No obstante – agregaba – no se arrepentía de su decisión, y si no se brindaba la oportunidad de jugar en condiciones favorables, así como que el clima no le fuera perjudicial, preferiría no jugar en calidad de campeón, pues como tal, no podía hacerlo sin menoscabo de la dignidad de su título”. (7: 100)

    En estos años, no existía un organismo internacional como lo es ahora la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), que se fundó en París en 1924, el poseedor del título lo consideraba como una de sus propiedades y nada le impedía cederlo. Pero lo cierto es que ni el mundo ajedrecístico, ni el propio Capablanca habrían aceptado de buen agrado una solución de esta índole, pues deportivamente se imponía que se jugara el match.

    Diez años de conversaciones y espera necesitó Capablanca para enfrentar a Lasker en un match por la corona universal, pues en Cuba, pudo organizarse por fin, el esperado encuentro.

    El doctor Alberto Ponce, miembro destacado del Club de Ajedrez de La Habana y del Unión Club, fue el iniciador de las gestiones encaminadas a conseguir la bolsa, que ascendió a treinta y seis mil pesos. Se llegó a un acuerdo con Lasker, no obstante insistió en reconocer a Capablanca como el campeón, en virtud de la cesión del título a que se ha hecho referencia. Se convino jugar en La Habana, en enero de 1921, época en que el clima le era más propicio a Lasker. Sería vencedor quien ganara ocho partidas, pero de llegar a un límite de 24, sin que se llegara a ocho triunfos, decidiría el mejor puntaje. Se jugaría a razón de 15 jugadas por hora en sesiones de cuatro horas. Quedó fijado un premio de once mil dólares para Lasker, con gastos a su cargo, y nueve mil para Capablanca. Como los fondos no pudieron reunirse, nuevamente hubo una postergación.

    El doctor Rafael de Pozos, una vez reunida la cantidad requerida, lo hizo saber a Capablanca para mandarle un cable a Lasker, produciéndose este diálogo histórico:

    • Capablanca; voy a mandarle un cable a Lasker para que venga a jugar el match.

    • No, doctor; deme un poco de tiempo, porque el doctor Lasker es mucho Lasker. (7: 100)

    Capablanca se fue para el Habana Yacht Club con sus textos de ajedrez, y sin más compañía que esos libros, después que logró una adecuada preparación teórica y física, se le avisó a Lasker que embarcara para La Habana.

    El 15 de febrero de 1921 embarcó Lasker hacia Cuba en el vapor “Hollandia”. Por tercera vez La Habana, sería sede de un campeonato mundial de ajedrez. Los dos anteriores fueron entre Steinitz y Chigorin en 1889 y 1892.

    El 15 de marzo de 1921, comienza tan esperada contienda ajedrecística, en los salones del Unión Club de La Habana, situado en los altos de Virtudes y Zulueta. Actuaron como padrinos de Lasker y Capablanca los señores Rafael de Pozos y Boada, y Manuel Márquez Sterling, respectivamente. Como fiscal, el señor Alberto Ponce. La misma mesa y piezas que en 1892 utilizaron en La Habana Steinitz y Chigorin en su match por el campeonato del mundo fueron usadas en esta ocasión. El reloj fue facilitado por el doctor José A. Gelaber, ya que de los que tenía el Club de Ajedrez de La Habana, ninguno estaba en condiciones como para ser utilizado en esta contienda de tanta transcendencia.

    “Al enterarnos de las dificultades que había con los relojes facilitamos los nuestros y se los llevamos a un relojero alemán para que verificara las perfectas condiciones en que se encontraban. Se adquirió el certificado de un compatriota del doctor Lasker para darle todo género de garantías. Esta cortesía tuvo su importancia, precisamente en el primer juego, a la hora de suspender la partida, resultaba que aparecía como consumido por el doctor Lasker una cantidad de tiempo muy superior a la que en realidad había tomado en meditar su jugada, en tanto que, por el contrario, el señor Capablanca tenía tiempo de menos. Lasker protestó, alegando que los relojes estaban mal”. (9: 46)

    Pareciera que había habido trampa en favor de Capablanca; en el acto, el doctor Rafael de Pozos, padrino del doctor Lasker, dijo que había tenido buen cuidado con lo que se refería a su apadrinado, diciéndole al doctor Lasker que no protestara por los relojes, porque estaban bien y habían sido certificados por un relojero alemán.

    Por fortuna pudo aclararse que en una de las ocasiones en que le tocaba jugar a Capablanca y cuyo movimiento meditó durante 20 minutos, Lasker había dejado de poner en marcha el reloj de su contrario. Capablanca con la evidencia de lo ocurrido consintió que ese tiempo se le cargara a él, descontándosele a Lasker, así el incidente terminó con un apretón de manos de los contendientes.

Desarrollo del match

    En la primera partida las blancas fueron conducidas por el cubano, planteándose un gambito de dama rehusado, defensa ortodoxa, que terminó tablas. La segunda con la misma apertura resultó empate también. En la tercera Capablanca jugó por única vez una Ruy López, terminando tablas, lo mismo que la cuarta, que se desarrolló con la misma apertura que las dos primeras.

    La quinta partida trajo la primera definición. A las pocas jugadas de una defensa ortodoxa, Lasker estuvo en dificultades y se vio precisado a entregar una calidad para mantener la iniciativa. Su reconocida habilidad para defenderse en situaciones inferiores se puso de manifiesto una vez más y con la ayuda de algunas imprecisiones de Capablanca, se llegó a una posición netamente tablas, pero Lasker cometió un grave error y se rindió en la jugada 46.

    Seguidamente, de la sexta a la novena partida fueron tablas. Capablanca ganó la décima y undécima, la duodécima y la decimotercera fueron tablas, y Capablanca ganó la decimocuarta y última partida del match, que se jugó el 20 y 21 de abril de 1921. En ese momento la puntuación era a su favor cuatro ganados y diez tablas.

    Como curiosidad se puede mencionar que en todo el match Capablanca consumió 35 horas y 55 minutos y Lasker 36 horas con 9 minutos.

¿Cómo se rindió Lasker?

    Lasker envió la siguiente misiva al doctor Alberto Ponce:

“La Habana, abril 27 de 1921.

Presente

Estimado señor:

    En su carácter de juez del match, me permito dirigirle la presente, proponiéndole resignar el match. Le agradeceré se sirva manifestarme si esta determinación es aceptada por mi adversario, la comisión y por su persona.

    De usted atentamente,

    (Fdo.) Emmanuel Lasker”. (7: 101)

    La respuesta fue ampliamente discutida, pues hubo partidarios de que el encuentro continuara hasta el total de 24 juegos a que fue concertado.

“La Habana, abril 27 de 1921.

Doctor Emmanuel Lasker.

Estimado señor:

    En contestación a la carta que usted me ha dirigido, asiéndome presente su deseo de resignar el match con el señor Capablanca, tengo el gusto de hacerle presente que tanto el señor Capablanca como el Comité Organizador del match aceptan su proposición, a la que por lo tanto imparto yo mi aprobación, quedando por consiguiente terminado dicho match.

    (Fdo.) Alberto Ponce”. (7: 101)

    Capablanca era, pues, desde aquel momento, el nuevo campeón del mundo.

    Posteriormente a la celebración del match Lasker envió una serie de artículos al diario “Telegraf”, de Amsterdam, donde, entre otras cosas, expresó lo siguiente: “Así terminó un episodio de mi vida que abarcó el match con Capablanca. Cuando Steinitz vio perdida la última partida del match que sostuvo conmigo, se puso de pie y exclamó: ¡Tres hurras por el nuevo campeón del mundo! Ese gesto me emocionó y es para mí un honor pronunciar ante el mundo ajedrecístico esas mismas palabras”. (7: 102)

    Lasker declaró en La Habana que renunciaba al derecho de pedir una revancha; pensaba seguir jugando, pero prefería dar paso a la juventud.

Conclusiones

    En el presente material, se ha realizado un resumen de tres momentos cumbres de la vida de José Raúl Capablanca en su camino hacia la supremacía del ajedrez universal, casualmente separados por un período de 10 años. Los mismos son:

  • Primer momento: match contra Juan Corso y Príncipe en el año 1901.

  • Segundo momento: San Sebastián, en 1911

  • Tercer momento: José Raúl Capablanca-Emmanuel Lasker: un match único en la historia de Latinoamérica, ocurrido en 1921.

Bibliografía

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  • Capablanca, José Raúl (1962). “Últimas lecciones”. Imprenta Nacional de Cuba. INDER.

  • Colectivo de autores (1981). “Dos trabajos de Capablanca”. Boletín Ajedrez Radio Rebelde. Año 4. Nº 3

  • Colectivo de autores. (1972). “Así jugaba Capablanca”. Revista Jaque Mate. Julio–Agosto. Año IX.

  • Jiménez, Eleazar (1972). “IX Capablanca in memoriam”. Revista Jaque Mate. Marzo-Abril. Año IX.

  • Karpov, A. y Guik, E. (1984). Mosaico ajedrecístico. Editorial Raduga. Moscú.

  • Palacio, Carlos A. (1965) “¡Diez y siete años después! Capablanca y Rubinstein”. Revista Jaque Mate. Septiembre. Año II. Nº 9.

  • Palacio, Carlos A. (1966) “Capablanca-Lasker, un Match Histórico”. Revista Jaque Mate. Abril. Año III. Nº 4.

  • Palacio, Carlos A. (1966) “El reloj a través de los tiempos”. Revista Jaque Mate. Febrero. Año III. Nº 2.

  • Riss, Oleg (1983). “Entrevista con Capablanca”. Boletín Ajedrez Radio Rebelde. Año 6. Nº 2.

 

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