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Sus Predecesores

 

Capablanca acerca de sus Predecesores

Edward Winter

A continuación presentamos la traducción de un artículo de J.R. Capablanca publicado en las páginas 1-4 de la revista de ajedrez Uruguaya Mundial, Mayo de 1927.

“El Estilo Ideal de los Maestros; Conducción Ideal de la Partida”

En cada generación existen unos pocos maestros que concentran la atención de los aficionados y críticos de ajedrez. Esta atención se intensifica particularmente en aquel que posee la corona del campeonato. Los comentarios son variados y su manifestación adquiere formas diversas. La mayoría de los aficionados solo observan los resultados y fundan su opinión solamente, o casi solamente, en el mayor o menor éxito del campeón. Algunos pocos, sin embargo, expertos del juego, entre los cuales figuran principalmente los otros maestros, profundizan más la cuestión, siendo sus opiniones influenciadas por numerosos factores ajenos al hecho de “ganar o perder”. Aunque existen muchos aspectos dignos de tomarse en consideración, la opinión de los expertos se funda, por lo general, en los tres siguientes: Profundidad, Poder de Combinación y Estilo. Por “Profundidad”, se comprende la mayor o menor aptitud para considerar las posibilidades de las posiciones difíciles, o en otros términos, el juicio de posición.

Por “Poder de Combinación”, se comprende la aptitud de ver claramente hasta el fin de una combinación, ya aprovechando algún chance existente, o ya preparándola.

Y por “Estilo”, se comprende el sistema general del juego sea éste sencillo o complicado, lento y sólido o brillante y emprendedor.

Si se considera el Ajedrez como una ciencia exacta, es evidente que sólo debe existir una norma justa para jugar, sea esta la que sea, y sólo restaría encontrarla. Si se considera como un arte, entonces deben existir diversas normas, y la elección depende por completo de las características individuales del jugador. Este se inclina naturalmente al tipo de juego en el cual su genio se manifiesta superior.

La gran mayoría del público aficionado y también una mayoría aunque más reducida de los expertos, es en el estilo en que fundan su preferencia por el campeón de una generación sobre todos los demás campeones. Empezando con Labourdonnais hasta el presente, e incluyendo a Lasker, encontramos que el estilista evidentemente más grande ha sido Morphy. De aquí la razón, aunque pudiera no ser la única, por la cual es generalmente aclamado como el más grande de todos. Lahourdonnais sólo parece haber tenido éxito en posiciones complicadas de ataques directos al Rey, en los que la superficialidad no estaba excluida. Siempre buscaba esa clase de juego y prácticamente no jugaba otra cosa. Su estilo, por consiguiente, carecía de claridad y a menudo de energía.

Andersen, jugador de ajedrez nato, jugaba principalmente partidas de combinación. Una o dos de ellas se consideran como las más bellas producciones de todos los tiempos. Pero él, como su antecesor Labourdonnais, fue víctima del concepto general de la época de que el ajedrez sólo debía jugarse en esa forma. Como consecuencia, su juego y su estilo carecían de coherencia y podemos decir de amplitud.

Steinitz fue mejor estilista en sus comienzos que en sus periodos finales. Se inició como un brillante jugador de juegos abiertos. Y terminó como el prototipo del estilo en extremo cerrado. Alguna vez debió pasar forzosa, aunque fugazmente a través de ese término medio feliz, del cual pudo conseguir el tipo perfecto. Fue él quien estableció por vez primera los principios básicos de la verdadera estrategia general del juego. Fue también un “pioneer” así como uno de los más profundos investigadores de las ocultas verdades del juego.

En cierta época jugo bien las aperturas, pero más tarde convirtió sus principios en caprichos, debilitando así las probabilidades de triunfo en las luchas serias contra algunos de sus más formidables adversarios. Su poder de combinación era muy grande. También era un finísimo jugador de finales, y en efecto es condición esencial para ser Campeón del Mundo ser un fuerte jugador de finales. Era muy tenaz y en su juventud, cuando jugaba en su mejor forma, era casi invencible.

Lasker, genio nato desarrollado por durísimo trabajo en su temprana carrera, nunca adoptó un tipo de juego que pudiera ser clasificado como un estilo definido. Tan es así, en efecto, que ello ha movido a algunos maestros a afirmar que Lasker carece absolutamente de estilo. La verdad es que si su estilo debiera ser clasificado, correspondería hacerlo solamente como “indefinido”. Se ha dicho que él es individualista, que juega más contra el jugador y sus defectos que contra la posición de las piezas. Esto es exacto hasta cierto punto respecto a muchos jugadores, y tal vez exista una gran cantidad en este caso, pero no creo que esa afirmación pueda tomarse en forma absoluta. En los últimos años, en que he tenido la oportunidad de observarlo en algunos de sus juegos, me ha parecido que cambiaba de táctica a menudo, aun contra el mismo jugador. El defecto de su estilo es que su juego parece generalmente anormal. Uno de los más grandes jugadores durante el periodo de Lasker como campeón, ha dicho que existía en su juego algo misterioso que no podía comprender. Por otra parte, Lasker posee grandes cualidades. Es muy tenaz. Puede defender malas posiciones admirablemente bien. En este sentido tuvo tanto éxito durante su larga carrera de campeón, que finalmente, ello se transformó en un defecto que lo condujo a veces a pensar que podría defender posiciones, que realmente no hubieran podido sostenerse contra un juego correcto. En posesión del ataque puede conducirlo hasta el fin, como muy pocos jugadores podrían hacerlo.

En los finales mantuvo por largo tiempo la reputación de no tener igual. Llegado a un final donde tenga ventaja ganadora, por pequeña que ésta sea, se puede contar casi con la certeza de que gana el juego. Muy pocas victorias se le han escapado en los finales. En cambio, si lleva la peor parte, su adversario no puede permitirse la libertad de concederle el menor chance. Su poder de combinación en el medio del juego, es también muy grande.

Morphy fue un gran estilista. En la apertura pugno por desarrollar todas las piezas rápidamente. Desarrollarlas y ponerlas velozmente en acción era su idea. En este sentido, desde el punto de vista del estilo, era completamente correcto. En su tiempo, la cuestión “posición” no era propiamente comprendida, excepto por él mismo. Esto le aporto como consecuencia enormes ventajas, por lo cual no merece sino elogios. Pudiera decirse de él que fue el precursor del desarrollo en esa importantísima parte del juego. Hizo un estudio especial de las aperturas, con tanto éxito, que en muchas de sus partidas, después de seis jugadas, sus adversarios estaban en posición inferior. También es esto digno de elogio, ya que en aquellos tiempos disponía de escasos elementos para guiarse. Pensaban los jugadores de la época que los ataques violentos contra el Rey y otras combinaciones de ese género eran las únicas cosas dignas de considerarse. Puede decirse que empezaban haciendo combinaciones desde la primera jugada, sin prestar suficiente atención a la cuestión desarrollo, cosa en la cual Morphy era sumamente cuidadoso. Sus partidas demuestran que poseía excelentísimo estilo de juego. Era sencillo y directo, sin

rebuscamientos y aunque no buscaba complicaciones tampoco las eludía, lo que constituye la verdadera manera de jugar. Era buen finalista y demostró ser hábil en la defensa de posiciones difíciles. Su poder de combinación bastaba completamente para las cosas que emprendía, pero eso no fue, como piensan la mayor parte de los jugadores de hoy día, el más grande activo de su repertorio. Este activo lo constituía su estilo, que allá hasta donde pudo ser juzgado, era perfecto.

Muy a menudo se oye decir que Morphy ha sido el jugador más fuerte que ha, habido en el mundo. A nuestro juicio aseveraciones de esta índole son absurdas, pues no solo carecen de fundamento, sino que es de todo punto imposible probarlas. Sólo se podrían hacer comparaciones basadas en el resultado de sus matches, y de acuerdo con el volumen de sus adversarios. Si hiciéramos esas comparaciones el resultado sería desastroso para las aseveraciones de los admiradores del gran maestro del pasado.

Pero Morphy no solo fue ampliamente el jugador más fuerte de su época sino que además fue un creador en el ajedrez, y el prototipo de lo que podría llamarse el estilo perfecto. En cuanto al resultado de las contiendas, hay varias cosas que considerar. Hay una sobre todo, escasamente conocida. Nos referimos al hecho de que el gran maestro americano nunca jugaba partidas sueltas por divertirse, sino que cada vez que jugaba, ponía en la partida todo lo que sabía, es decir, que para él, cualquier partida que jugaba asumía en seguida, por así decirlo, las proporciones de una partida de match. No creemos que ningún otro jugador haya hecho eso; por consiguiente a él solo debe juzgársele por sus grandes matches, especialmente contra Andersen y Harwitz. Una simple relectura de las partidas de esos dos matches demostrará que apenas hubo en ellos alguna que otra combinación de las llamadas brillantes. En contra de la creencia general, producto de la ignorancia, la fuerza principal de Morphy no estaba en su poder de combinación, sino en su juego de posición y en su estilo general. La verdad es que solo se pueden hacer combinaciones cuando la posición lo permite. La mayor parte de las partidas de esos dos matches las ganó Morphy de una manera directa y sencilla, y es en ese proceder sencillo y lógico que radica la verdadera belleza de su juego, contemplado desde el punto de vista de los grandes maestros.

En cuanto a la afirmación a menudo repetida por gran número de admiradores, quienes creen que Morphy les ganaría a todos los jugadores de hoy, no tiene, como ya hemos dicho, fundamento de peso. Por el contrario, si Morphy resucitara y jugase inmediatamente con solo los conocimientos de su época, seria con toda seguridad vencido por muchos de los maestros actuales. Sin embargo es lógico suponer que pronto estaría a la altura necesaria para competir con los mejores, pero hasta donde tendría éxito no hay manera alguna de averiguarlo.

Sin duda alguna, la ciencia del Ajedrez ha sido muy desarrollada en los últimos sesenta años. Cada día los jugadores ofrecen más resistencia y mayores son los requisitos y condiciones necesarias para poder sobrepujar a los demás maestros.

En pocas palabras, la conducta ideal de juego sería: Desarrollo rápido de las piezas a puntos estratégicos utilizables, para el ataque o la defensa teniendo en cuenta que los dos elementos principales son Tiempo y Posición.

Tranquilidad en la defensa y decisión en el ataque. Atención no exagerada a la posibilidad de obtener cualquier ventaja material, pues a menudo está ahí la victoria. No buscar complicaciones sino en casos extremos, pero tampoco rehusarlas; finalmente, en una palabra, estar dispuesto a competir en cualquier clase de juego y en cualquier fase del mismo, ya sea apertura, final u otra cosa; y sea complicado o sencillo, tendiendo siempre a lo último dentro de lo que permitan los dos elementos principales: Tiempo y Posición.‟

 

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