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Nueva York World, 25 de octubre de 1925

 

Capablanca en Nueva York World (1925)

Edward Winter

José Raúl Capablanca

A continuación presentamos el texto completo de una entrevista con Capablanca publicada en el Nueva York World, 25 de octubre de 1925:

“El ajedrez no es solamente un juego ni un entrenamiento mental, sino un medio social, en opinión de José Raúl Capablanca de Cuba, campeón mundial de ajedrez, quien recientemente hizo una escala en barco en Nueva York por algunas horas, en su ruta desde La Habana hacia Moscú, donde participará en el Torneo Internacional de Maestros de Ajedrez, de apertura el 5 de noviembre, bajo los auspicios del Gobierno Soviético.

“El ajedrez”, dijo Capablanca, “es más que un juego o un entrenamiento mental. Es un medio distinto. Siempre he considerado el juego de ajedrez y la realización de una buena partida como un arte, y algo para ser admirado no menos que el lienzo de un artista o el

producto del cincel de un escultor. El ajedrez es una distracción mental más que un juego. Es a la vez artístico y científico.”

Discutiendo el progreso del ajedrez en América, Capablanca dijo:

“El ajedrez fue perjudicado en gran medida en los Estados Unidos, cuando a dos de sus mejores jugadores, hace algunos años, se les atribuyo haberse vuelto locos debido a su absorción en el juego. No había ni una sola palabra de verdad en lo que se refiere al ajedrez o a cualquiera de estos hombres, a pesar de todo, la propaganda se extendió tanto y sus periódicos tomaron gran parte en ello, de tal manera que el hombre o la mujer que practicaba el ajedrez llegó a ser considerado como un poco „raro‟.

A menudo ha habido hombres y mujeres de diferente nivel cultural de hecho muy bueno, que me preguntan si no tengo miedo a perder la razón por jugar continuamente al ajedrez. Parece una idea fija entre muchos americanos que la facilidad o la habilidad para el juego indican algún desorden mental.”

Ganar el campeonato mundial de ajedrez tiene sus desventajas, Capablanca ha admitido, que a menudo han transcurrido períodos de dos años en los cuales no ha movido una pieza de ajedrez por la sencilla razón de que no había nadie dentro de cuatro o cinco mil millas con quien pudiera jugar.

El clima, dijo Capablanca, tiene más que ver con la formación de ajedrecistas que cualquier otro factor. Él se considera a sí mismo como un “accidente” en el mundo de ajedrez, ya que como, él afirma, los países tropicales o semitropicales rara vez producen un ajedrecista.

“Empecé a jugar al ajedrez cuando tenía cuatro años”, dijo. “No puedo decir que jugaba con mucha inteligencia, pero jugaba. Uno tiene que empezar muy joven con el fin de hacer progresos.”

El campeón mundial de ajedrez tiene ahora [casi] 37. Él es en apariencia ocho o diez años más joven.

Inglaterra, piensa, produce excelentes ajedrecistas debido a su clima particularmente crudo, lo que obliga a los hombres a realizar actividades bajo techo. Dijo que un año, cuando estaba en Londres, jugando con los Miembros del Parlamento y de la Cámara de los Lores, él observó no menos de 300 miembros de las Cámaras Británicas superiores e inferiores y de la Bancada del Rey, que jugaban al ajedrez, y jugaban bien. En aquel tiempo, añadió, frecuentemente jugaba con Andrew Bonar Law, el Primer Ministro Británico en 1922-23.

A Capablanca se le pregunto si no había límites para el número de jugadas posibles en el ajedrez.

“Tal cosa así como un límite es tan remota”, respondió, “que en mi opinión se requeriría al menos 50 años para que dos o tres jugadores altamente dotados puedan llegar a dominar las complejidades del juego hasta tal punto de hacer prácticamente imposible que uno de estos dos o tres hombres pueda vencer al otro. Yo diría que esto es casi imposible, si no que realmente es imposible, para un solo individuo poder dominar el juego a la perfección. Nadie, hasta ahora, ha sido capaz de evitar los errores en el ajedrez.”

Una de las interesantes revelaciones hechas por el campeón es que él no tiene la costumbre de pulirse en la teoría del juego o estudiando los movimientos procedentes de una partida. No, dijo, que pretendía jugar todas sus partidas a su manera en Rusia. Juega sólo cuando se sienta frente al tablero contra un adversario, añadió, y obtiene su mayor placer del juego en encontrar, en el momento oportuno, la jugada correcta para ganar.

“Tal como un artista realiza el movimiento correcto de su pincel en el momento oportuno y de la manera justa para completar su lienzo”, de esa forma Capablanca describe su juego.

Rusia y los países teutónicos, afirmaba Capablanca, producen excelentes ajedrecistas, por razón de su clima más frío, mientras que Francia nunca ha cedido en su empeño por el juego a cualquier nivel.

Informado que desde que los soviéticos han llegado al poder en Rusia el carácter de las piezas de ajedrez se ha hecho proletario, y que los yunques han tomado el lugar de los peones, mientras que los herreros y los campesinos han sustituido a los caballos y los alfiles, Capablanca dijo:

“Eso podría ser para fines de exposición, pero estoy seguro de que en Moscú, utilizaremos las piezas de ajedrez regulares que se utilizan en todo el mundo donde se juega al ajedrez.”

Capablanca, además de ser campeón mundial de ajedrez, es un hombre de bienes raíces de importante nota en Cuba, que tiene grandes propiedades en La Habana, donde reside.‟

 

 

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