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El Legado de Capablanca

Capablanca y la supuesta falta de Conocimientos Teóricos

Existe un falso criterio «muy extendido por cierto» de que Capablanca nunca estudió la teoría del Ajedrez. Si bien es cierto que fue «de las grandes figuras universales de todos los tiempos» quién menos tiempo le dedicó al estudio de la Teoría, hubiera sido imposible llegar a la cúspide sin un estudio profundo. Muchos son los ejemplos.

¿Qué orientación artística tenía antes de jugar con Marshall?

Consideró ante todo el arte de los finales de partida, lo cual puede comprobarse en los siguientes fragmentos de una conferencia pronunciada en el club de ajedrez de La Habana el año 1941:

“…el estudio de la teoría y la práctica del ajedrez requiere dividir la partida en tres fases: apertura, medio juego y final. Estos tres componentes están relacionados entre sí; por tanto, sería grave error estudiar la apertura sin tener en cuenta el medio juego ni el final, del mismo modo que es erróneo estudiar el medio juego sin considerar el final…

…no obstante, estoy firmemente convencido de que, para perfeccionarse en el ajedrez, hay que estudiar en primer término los finales de partida, porque se puede ap1ender a jugarlos bien independiente mente de los otros dos componentes, al paso que éstos están estrechamente ligados con aquél. Este hecho evidente lo ignoran casi todos los ajedrecistas notables…

…mi amigo (se refiere a un amigo suyo de la infancia) invirtió mucho tiempo y gastó muchas energías en el estudio de las aperturas. A menudo, Cambiábamos impresiones acerca de ellas; me preguntaba por tal y tal variante, y yo le causaba extrañeza con mis contestaciones invariables:

…desconozco esta variante
… Tras lo cual, me preguntaba:
… ?cómo podrá usted comprender las nuevas variantes de apertura que puedan presentarle sus contrincantes?
… a lo que le contestaba:
… el noventa por ciento de las variantes que ofrecen los libros tiene escaso valor. Pues muchas de ellas se fundan en valoraciones y premisas que estimo incorrectas. Le aconsejo que deje las aperturas y le dedique más tiempo al estudio le los finales; esto le reportará mayores beneficios…” …entonces, tenía yo doce años, y mi amigo me superaba en edad. No dio importancia a mis consejos, acaso por considerarlos procedentes de un adolescente inexperto. Como quiera que fuese, no hizo progresos en el ajedrez. Prosiguió estudian do las nuevas variantes de las distintas aperturas; pero en los torneos fueron mediocres sus resultados. En cambio, mi maestría en los finales me reportó muchas victorias estimables…”

Estas palabras tienen relación con las siguientes dichas por Chigorin, cuyo arte creador influyó artísticamente en el joven maestro cubano:

“…en cada apertura se pueden eludir casi todas las variantes estereotipadas que ofrecen los libros: de manera, se obtendrán unos resultados iguales o mejores…

…con frecuencia, lo teórico es sinónimo de lo estereotipado. Por cuanto lo primero en el ajedrez viene a ser lo que se encuentra en l0s manuales y se procura seguir, al no poder idear algo más eficaz o igual, pero no más original…”

Se comprende que las palabras de estos dos maestros se refirieron solamente a la teoría de principios de siglo: teoría bastante primitiva si se compara con la actual. Capablanca subestimó un poco la importancia de la apertura en su juventud. Pero más tarde, siguió atentamente la teoría sobre ella; empleó las novedades que se presentaban en la misma y los sistemas de moda, y adoptó todo lo nuevo y valioso de las investigaciones hechas por sus contemporáneos.

Botvinnik describe cómo adoptó Capablanca “sobre la marcha” las novedades teóricas en la madurez de su vida (en el torneo de Nottingham, 1936):

…Capablanca se dedicó bien poco al análisis. Valoró altamente su talento y estuvo convencido de que siempre superaría a sus adversarios en el tablero. Pero ¿no hay que estar al corriente de las aperturas modernas? También “espió” cómo jugaban sus futuros contrincantes; valoró críticamente las variantes de ellos, y las aplicó si lo estimaba convenientemente….

Y con mayor atención trató de perfeccionarse en el juego medio, teniendo presen te en cualquier circunstancia la estrecha relación entre aquél y la apertura y el final de partida, y formulando la nueva ley:

“…el principio fundamental del medio juego es saber vincular la acción de las piezas…”

En su juventud prestó más atención a los finales de partida.

En sus consejos dirigidos a los ajedrecistas jóvenes, Nimzovich dice:

« Analizad también las diversas posiciones más comunes, pues Capablanca lo hace, y, por lo mismo, conoce un sinfín de ellas; sobre todo, en todo en los finales de dama y torre.

En cierta ocasión, el maestro soviético I. Kan observó que Capablanca, quien ya contaba cuarenta y ocho años, analizaba con Lasker una posición. A este respecto, dijo Kan:

“…el estilo analítico de Capablanca denotaba un extraordinario talento connatural. El lento y reflexivo modo con que Lasker analizaba la posic1ón, interesante para los dos ex campeones, era totalmente opuesto a la rapidez con que el maestro cubano descubría las variantes sutiles e inesperadas; desde luego, éste manifestó una técnica extraordinariamente elevada.

Durante el torneo internacional, celebrado en Moscú el año 1936, le preguntaron a Capablanca por qué, siendo un virtuoso en finales, no componía estudios. A lo que contestó:

“…de joven compuse u o tan difícil, que nadie podía resolver. Desde entonces, no me ha interesado la composición de estudios, pues considero inútil componerlos si nadie los puede solucionar. ¡Que dicho estudio conste de más de 24 movimientos revela la dificultad en resolverlo…

Innovador de la Teoría y Mago en la Práctica

¿Qué aportó Capablanca a la concepción del juego y que le aseguró, aparte su talento innato, un puesto de honor entre l0s grandes ajedrecistas de todos los tiempos?

Pero antes con vendría exponer la situación del deporte ajedrecista de principios de siglo. En él predominaron el racionalismo y el mercantilismo de la escuela occidental y el estilo de juego cerrado y táctico. No gozaban de estima el audaz juego combinatorio ni el riesgo artístico de Chigorin. La posición se valoraba de un modo estático, es decir, se tenía en cuenta quién invertía más tiempos en el desarrollo de la partida, quién sacaba más piezas en la apertura y, por ello, quién estaba en mejor o peor situación; pero no se estimaban las particularidades concretas de la misma. Tarrasch, destacado teórico de aquel tiempo, opinó que se podía obtener ventaja sólo maniobrando lentamente y ejerciendo presión sobre la posición del adversario. Y en principio no admitió la lucha combinatoria, o sea, todo ataque audaz. Veamos cómo se expresó:

“…a mi entender, el sacrificio de piezas o peones casi nunca es una condición indispensable para un ataque regular y normal: el sacrificio, para poder atacar o mantener el ataque, es admisible sólo cuando se hayan cometido errores en la prosecución lógica del mismo…”

Este parecer muestra claramente lo limitado y lo mediocre de la teoría y práctica de aquella época. Los ajedrecistas profesionales medios iban de torneo en torneo y de país en país; no admitían el riesgo artístico, e hicieron de la espera a que el oponente cometiese errores su orientación fundamental, que les garantizaba una especie de mínimo vital.

Esta circunstancia no es motivo para emprenderla a pedradas con los maestros medios de entonces; hay que profundizar en las causas de su actitud ante el juego. Pues se aficionaron con exceso al ajedrez; vivieron sólo para él, y sacrificaron las comodidades que una pequeña existencia burguesa les aseguraba en aras del misterioso atractivo de este arte: constituía, un proletariado intelectual que representó la vida bohemia. Realizaron bellas combinaciones, arriesgaron material y lo sacrificaban cuando hacían partidas con aficionados de buena posición por una consumición en el café; daban sesiones de simultáneas, y jugaban entre ellos para entretenerse.

¡Pero su actuación era totalmente distinta en los torneos! No percibían honorarios por participar en ellos. Y a los premios, por cierto no muy elevados, podían pretender sólo los maestros notables. Los demás participantes, fuera de los viajes y la estancia en el hotel, percibían unos honorarios escasos que dependían del número de puntos y medios puntos obtenidos, es decir, se pagaban sólo las partidas ganadas y las tablas. ¡La pérdida de una partida no producía beneficio! A menudo, ocurría que un maestro, tras una prolongada lucha con un adversario de igual categoría, cometía un error por falta de tiempo y perdía un punto y con él los honorarios, mientras a su lado jugaban otros dos que efectuaban un juego prudente y acordaban dejarlo en tablas, por aquello de que “vale más pájaro en mano que cientos volando”. Esto condujo inevitablemente a que el empate fuese un fenómeno común en los torneos de finales del siglo pasado, y la lucha “hasta la última gota de sangre” empezase al final del tonteo y la iniciasen los maestros con posibilidades de alcanzar el primer premio.

¡Para un ajedrecista más acomodado y confiado en sí mismo, como Capablanca, no existían tales consideraciones mercantiles! Quien no se tenía por profesional del ajedrez, sino por un nuevo Lohengrin que había llegado al mundo del deporte ajedrecista para asombrar con su fuerza sobrenatural a todo contrincante y regresar a la misteriosa leja nía tropical en un lujoso transatlántico y no en una nave arrastrada por un cisne. Y así, Capablanca jugaba al ajedrez con igual maestría que Paganini tocaba el violín o Schalapin cantaba ópera. Los elevados honorarios y los premios fueron solamente la consecuencia de los éxitos inevitables; el homenaje que la multitud rendía al genio.

La “fuerza sobrenatural” de Capablanca consistió en intuir toda la posición con anterioridad y en razonar con una rapidez y precisión sorprendentes. Gracias a lo cual, aprendía enseguida cualquier posibilidad de combinar y de maniobrar. El dinamismo de su juego y el rápido hallazgo del único y complicado medio para vencer, con el lema “¡Rapidez y empuje!”, parecieron una maravilla, que contrastaba con el juego lento y racionalmente limitado de sus contrincantes. También causaron asombro su acicalada técnica en aprovechar cualquier mínima ventaja material o posicional y su insuperable maestría en jugar los finales.

Capablanca predijo que el ajedrez enfrentaría dificultades mayores si continuaba la tendencia de que los jugadores de élite terminaran sus partidas en tablas. Para evitarlo sugirió una variación del esquema de juego, llamada el “Ajedrez de Capablanca”

A desarrollarse en un tablero de 8×10. Su idea se basaba en que el mayor número de piezas y las dimensiones extendidas de la grilla permitirían al jugador más efectivo el expresar claramente su superioridad, debido a la complejidad y los grados de libertad adicionales.

Debe aclarase que el gran maestro propuso esta variación complicada mientras era campeón mundial y no después de perder el título, como algunas fuentes sostienen incorrectamente.

El ajedrez de Capablanca estaba compuesto además por “El Arzobispo” (composición de alfil+caballo) está ubicado entre el caballo y el alfil tradicionales del lado de la reina; el canciller (compuesto de torre+caballo) está posicionado análogamente y del lado del rey.

Principios de Capablanca de cómo Jugar Ajedrez

En la primavera de 1927 Capablanca expuso su doctrina en un periódico uruguayo:

“…la forma ideal para llevar adelante el juego consiste en hacer que las piezas se desarrollen rápidamente colocándose en puntos estratégicos convenientes para el ataque y la defensa, partiendo la idea de que el tiempo y la posición son los dos principios fundamentales…

…!serenidad y decisión en el ataque! No hay que dejarse llevar por la posibilidad de con seguir cualquier superioridad material, pues la observancia de este precepto entraña frecuentemente la victoria. Sólo en casos excepcionales hay que aceptar el juego complejo; esto no quiere decir que deba eludirse. En suma: conviene estar preparado para toda forma de lucha y en cualquier fase de la partida, como apertura, medio juego y final, sea complicada o simple, pero optando siempre por la última, que facilita los elementos fundamentales: tiempo y posición.

Al final de su libro “Mi carrera ajedrecista”, da una serie de orientaciones muy valiosas artística y deportivamente; orientaciones que, aunque dirigidas a los principiantes, son importantes y didácticas para el ajedrecista de cualquier categoría. Por ello, las reproducimos:

  • “…el principio fundamental de la apertura se funda en el desarrollo rápido y activo de las piezas, las cuales deben ocupar el sitio que les corresponde…
  • …el principio fundamental del medio juego se funda en la vinculación de las piezas, en lo cual falla la mayor parte de ajedrecistas. Pues muchos intentan atacar cuando tienen las piezas dispersas y desligadas por el tablero; luego, tratan de hallar la causa de sus errores…
  • …en la fase final es necesario jugar con exactitud y sin perder tiempos; hay que tener en cuenta todo movimiento que aumente la posibilidad de ganar o de ahorrar tiempos…
  • …poseer la iniciativa vale tanto como tener cierta superioridad; por eso, al tomarla, es conveniente mantenerla. Si el adversario la pierde, hay que procurar hacerse con ella. A veces, un ajedrecista eficiente adopta una postura pasiva, con el fin de que su contrincante ataque y, tarde o temprano, haga un movimiento desacertado. ¡Pero el jueg0 pasivo es fatal para el ajedrecista principiante o de categoría media! ¡Tiene que atacar, por cuanto es la única manera de poder desarrollar su inventiva!..
  • …otro punto importante es la economía de fuerzas en la defensa. Hay ajedrecistas a los que les asusta cualquier ataque contra un peón, contra una pieza y, sobre todo, contra el rey, para cuya defensa movilizan todas sus piezas. Esto es un error, pues el rey debe defenderse con un mínimo de piezas. Estas deben emplearse en gran número cuando se ataca al rey adversario. En el ataque contra una pieza deben emplearse las fuerzas justas para lograr el objetivo…
  • …al desarrollar la apertura, puede uno encontrarse con una respuesta desconocida. En tal caso, ¿cómo proseguir? Prosígase según aconseje el sentido común. Retírense pronto las piezas amenazadas a una posición más segura. En ello, puede que no se haga el movimiento conveniente; pero, al menos, servirá de lección para la partida siguiente…
  • …todo aquel que desee perfeccionarse debe considerar sus fracasos como una lección y aprender en ellos la manera de evitarlos en lo sucesivo. ¡También hay que ser decidido!…
  • …¡si se estima que un movimiento es conveniente, hágase! La apariencia es la madre de la ciencia. Muchos planean una maniobra y la consideran oportuna, pero temen efectuarla. ¡.No hay que vacilar a hacer lo que se estime conveniente y oportuno!..”

En su libro “Nuevas ideas en el ajedrez”, Ricardo Reti dice acerca de lo innovador y de lo metódico del juego de Capablanca:

“…profundizando en sus partidas, comprendí que él se ajusta al principio de que en cada posición debe un0 guiarse según un plan adecuado a la misma. Todo movimiento que no contribuya a dicho plan es una pérdida de tiempo, aun cuando favorezca el desarrollo de una pieza…”

 Su opinión y juicio sobre el arte del ajedrez, su orientación artística y sus excelentes partidas constituyen actualmente un valiosísimo medio para que todo ajedrecista se perfeccione.

Todos los campeones del mundo han experimentado la influencia de Capablanca y, en cierto modo, son discípulos y seguid0res de él.

Pero esto no debe impedirnos hablar de una orientación deportiva errónea en el gran maestro cubano.

En una de sus intervenciones en Leningrado, declaró:

“…cuando uno se sienta al tablero debe pensar únicamente en la posición y no en el contrincante. Pues la psicología no tiene ninguna relación con el ajedrez, independientemente de si éste se considera como ciencia, arte o deporte; la psicología no es más que un estorbo en este arte…”

Sin duda, estas afirmaciones son falsas. Porque la personalidad artística del adversario, sus inclinaciones, sus criterios teóricos y su repertorio de aperturas deben ser tenidos en cuenta por maestros y grandes maestros en su preparación para un torneo o competición individual. Y el propio Capablanca fue más de una vez víctima de la preparación psicológica de sus contrincantes.

En toda su carrera Capablanca sufrió 35 derrotas en partidas oficiales, el 6% del total. Permaneció invicto por más de ocho años, desde el 10 de febrero de 1916, cuando perdió desde una posición superior contra Oscar Chajes; hasta el 21 de marzo de 1924, cuando sucumbió frente a Richard Réti en el Torneo Internacional de Nueva York. Se trata de un récord de 63 juegos, que incluyó el delicadísimo torneo de Londres de 1922 y la partida por el campeonato del mundo contra Lasker. De hecho, sólo Marshall, Lasker, Alekhine y Rudolf Spielmann ganaron dos o más partidas oficiales frente a un Capablanca maduro, aunque los totales de sus respectivas carreras son negativos (Capablanca derrotó a Marshall +20 -2 =28, a Lasker +6 -2 =16, a Alekhine +9 -7 =33), a excepción de Spielmann que consiguió su nivel (+2 -2 =8). De la élite mundial, solamente Paul Keres tuvo un estrecho margen a su favor (+1 -0 =5), triunfo que ocurrió cuando Capablanca tenía 50 años, en el declive de su carrera. Su puntaje Elo ha sido calculado en 2725.

Capablanca participó en veintinueve torneos de gran nivel, de los cuales ganó quince y en otros nueve terminó segundo. En total, sumó 318 victorias, 249 empates y 34 derrotas. Por estos resultados fue elogiado por el yugoslavo Gligoric cuando expresó públicamente:

“Capablanca sabe, los demás ensayamos.”

En cierto momento Capablanca fue criticado —principalmente en Gran Bretaña— por la supuestamente vanidosa descripción de sus propios logros en su primer libro, Mi carrera en el ajedrez. En respuesta, el maestro tomó la medida sin precedente de incluir virtualmente todas sus derrotas en torneos y partidas en Los fundamentos del ajedrez, junto con un grupo representativo de sus victorias. Por otro lado J. du Mont, en su prólogo al libro de Golombek Los 100 mejores juegos de Capablanca, atestigua que el cubano —a quien conocía bien— no era en lo absoluto una persona vanidosa; en cambio aconsejaba a los críticos que aprendieran la diferencia entre la mente simplemente dotada y el genio elevado de un Capablanca, y el contraste entre la tendencia británica hacia la falsa modestia con la costumbre latinoamericana de decir “jugué este juego tan bien como podría ser jugado” cuando honestamente se cree estar en lo correcto. Du Mont también afirma que Capablanca era bastante sensible a la crítica.

Trayectoria Ajedrecística

Torneo Ciudad Puntos Resultado
1902
Campeonato Nacional Cubano contra Juan Corzo La Habana (+4 -3 =6) Capablanca gana 7 – 6
1906
Cruce contra Robert Raubitschek Nueva York (+2 -0 =0) Capablanca gana 2 – 0
Campeonato universitario Nueva York (+4 -0 =1) Capablanca juega por la Universidad de Columbia.
1909
Enfrentamiento contra Frank Marshall Nueva York (+8 -1 =14) Capablanca gana 15 – 8
1910
Campeonato del estado de Nueva York Nueva York (+7 -0 =0) 1. lugar
1911
Campeonato del estado de Nueva York Nueva York (+8 -1 =3) 2. lugar
Torneo internacional San Sebastián (+6 -1 =7) 1. lugar
1913
Sesión contra Charles Jaffé Nueva York (+2 -0 =1) Jaffé abandona después de 3 partidas
Campeonato del estado de Nueva York Nueva York (+10 -1 =7) 1. lugar
Torneo internacional La Habana (+8 -2 =4) 2. lugar
Torneo Memorial Rice Nueva York (+13 -0 =0) 1. lugar
1914
Torneo internacional San Petersburgo (+10 -2 =6) 2. lugar
1915
Campeonato del estado de Nueva York Nueva York (+12 -0 =2) 1. lugar
1916
Torneo Memorial Rice Nueva York (+12 -1 =4) 1. lugar
1918
Torneo Club de Ajedrez de Manhattan Nueva York (+9 -0 =3) 1. lugar
1919
Disputa contra Boris Kostić La Habana (+5 -0 =0) Capablanca gana 5 – 0
Torneo internacional Hastings (+10 -0 =1) 1. lugar
1921
Campeonato mundial contra Emanuel Lasker La Habana (+4 -0 =10) Lasker abandona después de 14 partidas. Capablanca es campeón del mundo
1922
Torneo internacional Londres (+11 -0 =4) 1. lugar
1924
Torneo internacional Nueva York (+10 -1 =9) 2. lugar
1925
Torneo internacional Moscú (+9 -2 =9) 3. lugar
1926
Torneo internacional Lake Hopatcong (+4 -0 =4) 1. lugar
1927
Torneo internacional Nueva York (+8 -0 =12) 2. lugar
Campeonato mundial contra Alexander Alekhine Buenos Aires (+3 -6 =25) Alekhine gana 18.5 – 15.5 y es el nuevo campeón del mundo
1928
Torneo internacional Bad Kissingen (+4 -1 =6) 2. lugar
Torneo internacional Berlín (+5 -0 =7) 1. lugar
Torneo internacional Budapest (+5 -0 =4) 1. lugar
1929
Torneo internacional Gran Bretaña vs. Resto del Mundo Ramsgate (+4 -0 =3) Capablanca juega por el Resto del Mundo
Torneo internacional Budapest (+8 -0 =5) 1. lugar
Torneo internacional Karlsbad (+10 -2 =9) 2.-3. lugar con Rudolf Spielmann
Torneo internacional Barcelona (+13 -0 =1) 1. lugar
1929/1930
Torneo internacional Hastings (+4 -0 =5) 1. lugar
1930/1931
Torneo internacional Hastings (+5 -1 =3) 2. lugar
1931
Encuentro contra Max Euwe Ámsterdam (+2 -0 =8) Capablanca gana 6 – 4
Torneo magistral Nueva York (+9 -0 =2) 1. lugar
1934/1935
Torneo internacional Hastings (+4 -2 =3) 4. lugar
1935
Torneo internacional Moscú (+7 -2 =10) 4. lugar
Torneo internacional Margate (+6 -1 =2) 2. lugar
1936
Torneo internacional Margate (+5 -0 =4) 2. lugar
Torneo internacional Moscú (+8 -0 =10) 1. lugar
Torneo internacional Nottingham (+7 -1 =6) 1. – 2. lugar con Mikhail Botvinnik
1937
Torneo internacional Semmering (+2 -1 =11) 3. – 4. lugar con Samuel Reshevsky
1938
Torneo magistral París (+6 -0 =4) 1. lugar
Torneo AVRO Varias ciudades holandesas (+2 -4 =8) 7. lugar
1939
Torneo internacional Margate (+4 -0 =5) 2. – 3. lugar con Salo Flohr
Olimpiadas Buenos Aires (+7 -0 =9) Capablanca es el capitán del equipo cubano

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