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Bobby Fischer en la Habana

Cuando el pasado 17 de enero el mundo conoció la noticia de la muerte del genial ajedrecista estadounidense Robert James Fischer, los medios de prensa se hicieron eco de los aspectos más relevantes de su vida.

Diversos sitios en Internet se llenaron de anécdotas, entrevistas y análisis de los especialistas, y no pocos lo compararon con Marilyn Monroe o John Lennon.

Tal avalancha de artículos me hizo investigar sobre la presencia de Fischer en La Habana, ciudad que visitó en dos oportunidades. Lea que escribo dos, porque se ha escrito sobre su presencia en la Olimpiada Mundial de 1966 pasándose por alto una que realizó 10 años antes.

Aquella primera visita ocurrió en el mes de febrero de 1956. Tenía entonces 13 años de edad y ya era un talento en su país. En esa época estaba por dejar los estudios en el “Erasmus Hall High School”, alegando con sus propias palabras: “Los maestros me parecen más estúpidos que los propios alumnos”.

Durante su visita estuvo acompañado por el promotor y también ajedrecista M. Forry Laucks y juntos fueron recibidos por autoridades deportivas de la Isla, entre las que se encontraban el doctor José A. Gelabert y el periodista Carlos A. Palacios. Fischer estuvo en diversos lugares aunque mostró mayor interés por el “Club Capablanca”.

Bobby Fischer.

Bobby Fischer

Ficher y Fidel.

Ficher y Fidel.    Ese fue un año importante en la carrera de Fischer, pues participó en el Torneo “Rosenwald Memorial”, en el que su partida frente a Donald Byrne fue catalogada en su momento como la mejor del siglo. Una temporada más tarde, con sólo 14 años, Fischer se convirtió en el Campeón de los Estados Unidos.

Diez años después, con una realidad muy distinta desde diversos puntos de vista, Fischer regresó a La Habana para competir en la XVII Olimpiada Mundial. Ya no era la gran promesa, sino uno de los aspirantes a la corona mundial y por lo tanto defensor del primer tablero de Estados Unidos. Pero para entender lo ocurrido en aquella oportunidad tenemos que remitirnos a un año antes, cuando su nombre apareció en la lista de los participantes en el Torneo Internacional “José Raúl Capablanca”.

Según el periodista José Luis Barreras Meriño en su libro El fascinante mundo del Ajedrez (Editorial Arte y Literatura, 2006), el jugador era uno de los invitados al Torneo pero no recibió el permiso del Departamento de Estado de su país, lo que hizo que decidiera participar a través del teletipo. Sin embargo, poco antes del comienzo, Fischer amenazó con retirarse de la lid en un cable dirigido al entonces Primer Ministro de Cuba, doctor Fidel Castro, en la noche del 11 de agosto de 1965:

Primer Ministro Fidel Castro, Habana.

Me opongo a sus manifestaciones publicadas hoy en el New York Times proclamando una victoria propagandística, y por este acto me retiro del Torneo Capablanca. Solamente volveré a entrar en el torneo si Usted envía un cable asegurándome que Usted y su gobierno no buscan beneficios políticos de mi participación, y que no se producirán en el futuro más comentarios políticos por parte de Usted en relación con mi participación.

Bobby Fischer.

Al día siguiente, Fidel envió su respuesta al jugador:

Bobby Fischer, Nueva York, EE. UU.

Ref. COA 38

Acabo de recibir su cable. Me sorprende que usted me atribuya algún tipo de manifestación referente a su participación en el torneo. A este respecto no he dicho ni hablado una sola palabra con nadie. Sólo tengo sobre ello noticias que he leído en cables de agencias norteamericanas. Nuestro país no tiene necesidad de tan efímera propaganda. Es suyo el problema de participar o no en dicho torneo. Sus palabras son, por tanto, injustas. Si usted se ha asustado y arrepentido de su decisión inicial, sería mejor que idease otro pretexto y tuviese el valor de ser honesto.

(Fdo) Dr. Fidel Castro

Primer Ministro del Gobierno Revolucionario.

Después de eso y con la seguridad de no ser utilizado como propaganda política “Bobby” Fischer retomó la idea de participar en el Torneo desde el “Marshall Chess Club” de Nueva York. El hecho de jugar por teletipo hizo que los organizadores tuvieran que crear condiciones especiales en las partidas debido a la demora en la comunicación. Un dato interesante es que las piezas de Fischer eran movidas en La Habana por un hijo de José Raúl Capablanca.

Pese a las difíciles condiciones Fischer quedó empatado en el segundo lugar junto a Borislav Ivkov y Efim Geller, los tres con 15 puntos, media unidad menos que el campeón Vassili Smyslov.

Un año después llegó Fischer a La Habana como integrante del equipo de Estados Unidos en la Olimpiada Mundial y muchos estuvieron pendientes de su relación con el Comandante Fidel Castro, luego del intercambio de mensajes un año antes.

La Olimpiada fue inaugurada el 25 de octubre de 1966 en el Hotel Habana Libre y ese día la gran noticia fue el estrechón de manos entre el jugador y el mandatario como signo de paz. Fischer entregó un libro suyo autografiado a Fidel y a continuación participó en una partida de consulta sostenida. De un lado Fischer asesoró al licenciado mexicano Filiberto Terrazas y por el otro Fidel, quien recibió los consejos del entonces Campeón Mundial, el soviético Tigran Petrosian. Estos últimos ganaron el duelo.

Sin embargo, la presencia de Fischer en La Habana tuvo otras aristas. En primer lugar exigió a los organizadores que programaran un descanso desde las siete de la noche del viernes hasta las siete de la noche del sábado, debido a Fischer llega a La Habana como integrante del equipo de Estados Unidos su afiliación a la secta fundamentalista “Iglesia Universal de Dios”, la cual exige a sus miembros el descanso sabático del Antiguo Testamento.

Los organizadores dijeron que cualquier cambio en el horario de las partidas dependería de un acuerdo entre los equipos a la hora del enfrentamiento. Cuando correspondió el duelo entre Estados Unidos y Dinamarca, este último país, cuyo equipo estaba encabezado por Bent Larsen, no accedió a cambiar el horario, entonces Fischer no jugó y fue sustituido por Robert Byrne. El siguiente sábado tocó el esperado duelo ante la Unión Soviética, que tampoco permitió el cambio, y Estados Unidos perdió por forfeit al no presentarse el equipo. Sin embargo, tras negociaciones con el Comité Organizador, los soviéticos accedieron a revocar la decisión, jugaron y ganaron 2,5 puntos por 1,5. Al final la Unión Soviética fue el equipo campeón, seguido de Estados Unidos y Hungría. Luego de la lid, Fischer quiso quedarse unos días más en Cuba para recorrer algunas ciudades fuera de la capital y fue complacido por las autoridades cubanas. A su regreso a La Habana los organizadores de la Olimpiada Mundial le obsequiaron una mesa y un juego de los utilizados en el magno certamen por lo que el ajedrecista se marchó muy complacido de las atenciones recibidas, en tanto la parte criolla también le dejó palabras de agradecimiento por la amabilidad que mostró en todo momento.

Estas fueron las dos visitas de Fischer a La Habana. Sin dudas una oportunidad de lujo esa de acoger en su seno a uno de los más grandes ajedrecistas de todos los tiempos. El mismo de quien dijo el ex campeón mundial Garri Kaspárov: “Tras proclamarse campeón mundial, sencillamente no pudo jugar más. Ese era el peligro: consiguió la perfección y una vez lograda, todo lo demás estaba por debajo de la perfección”.

Luego de su muerte quizás el criterio más abarcador fue el del Gran Maestro español Miguel Illescas: “Sus partidas no admiten detractores. Ajedrez en estado puro, la claridad y elegancia de Capablanca, el instinto asesino de Alekhine y la fortaleza mental y determinación de Lasker: eso era Fischer. No hay duda de que si alguien se acercó a la perfección en este noble arte, ese fue Robert James Fischer”.

 

La muerte de Fischer no detendrá su leyenda, poco a poco irán apareciendo anécdotas, historias no contadas anteriormente, como esta narrada por el propio Viswanatan Anand, actual titular del mundo: “En el año 2005, renuncié por un día a mi dieta vegetariana para complacer a Fischer, quien me invitó a comer hamburguesas. En un momento de la cena sacó un raído juego de bolsillo, con el tablero de cuero, que tenía

“Soy un especialista. Juego al ajedrez. Eso es una cosa seria. Otra cosa no la sé, pero todo cuanto sé, lo domino a fondo. (…) ”

muchos, muchos años. Me enseñó una partida que había disputado yo en el Torneo Corus de ese mismo año, y comenzamos a analizarla. Su ajedrez era brillante, pero estaba estancado en líneas e ideas de los años 70. Las computadoras han cambiado mucho el ajedrez en la actualidad, y desechado o recuperado algunas aperturas”.

“…En mis jugadas hay que ver movimiento y al mismo tiempo arte; quien no consigue verlo me da lástima”.   Anand dijo que no quiso hablar de eso antes, para no molestar al campeón estadounidense y que éste le mandara al séptimo infierno, como había ocurrido con otras personas que habían hablado sobre él en medios de comunicación.

Para finalizar, les regalo estas declaraciones de Fischer a la revista yugoslava Start, en agosto de 1971 en la que se autodefine: “Soy un especialista. Juego al ajedrez. Eso es una cosa seria. Otra cosa no la sé, pero todo cuanto sé, lo domino a fondo. (…) Soy meramente un hombre, pero un hombre extraordinario. Mi mundo es el tablero blanco y negro del ajedrez. En mis jugadas hay que ver movimiento y al mismo tiempo arte; quien no consigue verlo me da lástima”.

 

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