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1936 – 1942 Salto a la Inmortalidad…

El desencuentro…

Tiempo después dijera Alekhine:

“…a partir de 1936, Capablanca vio disminuir su capacidad en el aspecto deportivo más que en el estrictamente ajedrecista… Pues, aunque hasta el fin de sus días pudo crear obras de arte, ya no tenía las fuerzas necesarias para alcanzar éxitos en las grandes competiciones…”

Alekhine parecía desconocer las razones reales…

En el torneo de Semmering-Baden, celebrado al año siguiente, en el que intervinieron principalmente ajedrecistas jóvenes, Capablanca compartió los puestos tercero y cuarto con Reshevsky; Keres y Fine compartieron los dos primeros, respectivamente. Empatando once partidas de las catorce que jugó.

En 1937, Euwe, en contraste con la situación entre Alekhine y Capablanca, cumplió con su obligación y concedió a Alekhine el juego de revancha. Alekhine dejó de beber, se preparó bien y volvió a ganar fácilmente el primer puesto. Después de esto no hubo mucha esperanza de que Capablanca volviera a disputar el título, Alekhine no jugó más partidas por el campeonato del mundo y murió en posesión del Título en 1946. El absoluto y arbitrario control del título por parte del circunstancial campeón impulsó a la FIDE a reglamentar el mecanismo de elección de rivales y así asegurarse de que el mejor aspirante tuviera la oportunidad de acceder a la final.

Capablanca, no perdió las esperanzas de poder realizar su encuentro de revancha. Se entrevistó con Ragozin, participante en el torneo; le dijo que pensaba competir con el vencedor del encuentro de revancha Euwe-Alekhine, el cual se celebraría pronto, y le encargó que pidiese a Botvinnik si quería dilatar su citación al nuevo campeón a disputar el título para dentro de un par de años, con el fin de poderlo hacer antes Capablanca, pues tenía cuarenta y nueve años de edad y debía apresurarse.

Al cabo de un año se disiparon sus esperanzas, y no porque Alekhine hubiese reconquistado el título, sino por el empeoramiento de su estado de salud.

En noviembre de 1938, la AVRO Asociación Radiodifusora holandesa, organizó un torneo a dos vueltas; en él actuaron Alekhine, campeón del mundo, Capablanca y Euwe, ex campeones, además de los jóvenes talentos Botvinnik, Keres, Fine, Reshevsky y Flor. La competición se desarrolló en diversas ciudades; esto supuso tener que trasladarse de una población a otra: tal ajetreo se reflejó naturalmente en el estado físico de los veteranos. Por eso, no sorprende que Keres y Fine ocupasen los dos primeros puestos, y Botvinnik se situase en el tercero.

Capablanca ganó dos partidas, perdió cuatro y empató ocho de las catorce que jugó.

¡Por primera vez en su carrera no obtuvo la mitad de los puntos posibles!, frente a Alekhine perdió una partida y empató otra.

Pero ¿cuáles fueron los motivos reales?

Capablanca no expone los motivos reales de su pobre rendimiento, pero lo cierto es que le era imposible disputarle el título al campeón del mundo. En el número 5 de 1938 de la revista «El Ajedrez en la URSS» se publicó la siguiente noticia:

“Montevideo, se había proyectado organizar el encuentro de revancha entre Alekhine y Capablanca; pero no se llevó a efecto por las condiciones económicas excesivamente elevadas, que exigía Capablanca….”

Capablanca había decidido no revelar la verdadera causa de su negativa.

Como consecuencia, Capablanca no contestó a Alekhine cuando éste, tratando de salir de la zona europea ocupada p0r los alemanes, le propuso realizar el encuentro de desquite con unas condiciones ventajosas para él; pero ya su salud no se lo permitía.

No obstante, en 1939, aún en detrimento de su salud Capablanca decide participar en el torneo Pascual de Margate obteniendo resultados satisfactorios, compartiendo los puestos segundo y tercero con Flor, detrás de Keres sin perder una sola partida.

Atendiendo quizás a este resultado, o bien por el honor patrio o el suyo propio, en otoño del propio año 1939, Capablanca hace un último esfuerzo y decide defender el primer tablero de CUBA, en el torneo de las naciones (Olimpiada de la FIDE), acaecido en Buenos Aires. «…en lo que se convirtiera en su reivindicación con la historia…»

Como se supondrá, a la Olimpiada de 1939 acudieron los mejores jugadores de su tiempo (excepto los jugadores Soviéticos), incluyendo a Alekhine, Keres, Najdorf, Tartakower, entre tantos otros; otorgándose la medalla de Oro del primer tablero al representante de CUBA y Campeón del Mundo 1921-1927 “José Raúl Capablanca Graupera” a solo 2 meses de cumplir los 51 años.

Con esta impresionante actuación terminó la extraordinaria trayectoria deportiva de este genial ajedrecista Cubano en el ámbito Internacional.

Al estallar la 2da Guerra Mundial, Capablanca reside la mayor parte del tiempo en Nueva York; pronunció doce conferencias por radio para los ajedrecistas de Hispanoamérica, y frecuentó el club de ajedrez de Manhattan, testigo de su sobresaliente carrera deportiva. En los dos últimos años de su vida en sendas visitas a su tierra natal juega 2 cortas simultáneas entre amigos que se recogen como sus últimas partidas.

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