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1936 – 1936 Destellos antes del ocaso…

 

Capablanca contaba cuarenta y siete años y no parecía capaz de lograr hitos resonantes, ni de poder resistir la presión de los maestros jóvenes; pero, en 1936, consiguió restablecer totalmente su reputación y ser el aspirante real y efectivo al título mundial.

Euwe, que, como nuevo campeón, no era tan peligroso para él, pues un lustro atrás lo había vencido en un breve encuentro individual.

Nuevamente fue invitado a participar  en una competición a dos vueltas que tuvo lugar en Moscú entre el 14 de mayo y el 8 de junio de 1936; también participaron Lasker, Botvinnik, Flor, Löewenfisch, Riumin, Kan, Lilientahl, Ragozin y Eliskases. Le agradaba visitar la Unión Soviética, por cuanto allí se le respetaba y quería. Fue amigo sincero de los ajedrecistas soviéticos; le entusiasmaba su gran movimiento ajedrecista, el interés general por el ajedrez y la abundancia de talentos jóvenes en este arte. Apreció mucho la versión en ruso de sus tres libros y las varias ediciones que se hicieron de ellos.

Poseyó una vasta cultura; fue aficionado a la música, preferentemente la de Bach, y a la literatura; en sus viajes a la URSS visitó teatros, museos, galerías de arte y conservatorios.

Escribió artículos para las publicaciones ajedrecistas soviéticas y para la prensa en general. La última vez publicó uno en la edición del 10 de enero de 1937 del periódico «Izvestia», y lo tituló «EI campeonato mundial de ajedrez». En él habla de las condiciones del mismo y cataloga a los aspirantes al trono ajedrecista. Luego, refiere el encuentro de desquite entre Euwe y Alekhine, y predice, ¡erróneamente!, la victoria del campeón holandés. Concluye diciendo:

“… Acaso quiera el lector saber qué pienso de mis posibilidades (en la disputa por el campeonato del mundo). Si tengo salud y me mantengo en el nivel de juego actual, creo que podré ganarlo…”

Como se ve, anteriores éxitos importantes le habían devuelto el optimismo. ¡Y no era para menos!

En el torneo de Moscú, de 1936, jugó brillantemente y obtuvo el primer premio sin perder una partida; recuperó a Botvinnik y a Lasker al ganarles la partida.

Finalizando el torneo, visitó Ucrania, recorriendo las ciudades de Kiev, de Dniepropetrovsk, de Járkov y de Odesa; por primera vez en su vida viajó en avión, y lo hizo desde Kiev a Dniepropetrovsk.

En agosto de 1936, tuvo otra brillante intervención en el torneo internacional de Nottingham; también participaron Euwe, nuevo campeón del mundo, Lasker, Alekhine, Botvinnik, Reshevsky, Flor, Fine, Bogoljubov, Vidmar, Tartakower, Thomas y otros ajedrecistas ingleses.

Capablanca compartió los puestos primero y segundo con Botvinnik; además, ganó a Alekhine, lo que le satisfizo en extremo; pues era su primera confrontación con él al cabo de nueve años desde el gran campeonato mundial entre los dos y el genio cubano no perdió la oportunidad de vengar su derrota. Teniendo una posición inferior, logró atrapar al ruso en una trampa tan elaborada que ninguno de los otros jugadores (excepto Lasker) se dio cuenta de dónde el perdedor había cometido el error. Capablanca comentó sobre este particular en El legado de Capablanca: sus últimas presentaciones, pags. 111–112, expresando su admiración por la astucia que Lasker demostraba incluso a los sesenta años. Sin embargo, el cubano no menciona a su oponente: Alekhine. La relación entre ambos era de profundo desagrado mutuo, hasta el punto en que rara vez compartieron un tablero por más de unos segundos: cada uno hacía su movida y luego se levantaba para caminar por las cercanías.

Flor fue el único que le ganó la partida, de lo cual culpó a Euwe:

“… la falta de tiempo nos apremiaba cuando efectuábamos los últimos movimientos. Nos faltaban por hacer cuatro de ellos cuando, de repente, se congregaron periodistas, participantes y demás, en torno a nosotros. En tales condiciones, era imposible proseguir el juego. Euwe se entrometió varias veces, indicando a Flor el número de movimientos que le quedaban por hacer, de suerte que dejamos de anotarlos. Al pedirle que guardase silencio, se puso a discutir conmigo tratando de demostrar que nada le impedía interferir en ello. Tal injerencia en el juego era inadmisible, mientras el principal responsable del torneo estaba ocupado en su correspondencia, y no hizo nada por evitarlo, a consecuencia de la cual cometí un error grave y perdí la calidad…”

Se dice que cometió el error después de haberse agotado el tiempo, y que ni pudo darse cuenta de ello. Su posición, aunque crítica, parecía defendible.

En un artículo publicado en la prensa inglesa antes de finalizar el torneo, Alekhine dijo:

“… EI resultado de Capablanca prueba la opinión general que se formó de él, después de su última victoria en Moscú; después de cierto período de letargo, ha encontrado su vieja horma. Después de cierto estado nervioso al comienzo del torneo, lo que en verdad le ocurría en sus mejores tiempos, jugó con entusiasmo extraordinario la segunda mitad del mismo, particularmente frente a los contendientes más débiles…”

Botvinnik también lo advirtió en el periódico «Pravda»:

“… Capablanca mostró un nuevo estilo: ahora, basa su juego en complicaciones tácticas si se enfrenta con adversarios flojos; de ese modo, ganó más de una partida…”

Pero jugaba con su extrema prudencia habitual frente a rivales más fuertes, y tanto, que en la partida con Fine propuso el empate en el octavo movimiento; éste no lo aceptó, pero, tras unos movimientos carentes de brillantez, acordaron dejarlo por tablas a la vigésima jugada.

De esa manera, Capablanca fue de nuevo aspirante al título mundial ante la opinión pública. En Inglaterra, donde gozaba de popularidad, se habló de organizar un encuentro individual para él. Más ¿con quién? Las esperanzas se disiparon por ser todavía demasiado pronto, pues Euwe, campeón del mundo, tenía que defender el título frente a Alekhine dentro de un año, lo cual suponía una espera larga; por otra parte, su modo de jugar no tenía la calidad de antes: se ponía nervioso, lo que desequilibraba su juego; le apremiaba la falta de tiempo; se encontraba frecuentemente en situaciones difíciles, y ofrecía pocas partidas valiosas, incluidas las que hizo en los dos torneos internacionales del año 1936.

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