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1932 – 1936 Don Quijote y Los Molinos de Viento

 

En 1931, Capablanca abandonó Europa y, después de actuar en el torneo de los maestros estadounidenses en que salió vencedor, decidió no participar en competiciones oficiales. Tras muchos intentos e inmerecidas humillaciones, no vio la posibilidad de hallar apoyo económico para celebrar el encuentro de desquite, y pasó todo el año en su patria y en Nueva York. Pero, en 1932, hizo una importante gira por Méjico, donde actuó en una serie de simultáneas con el resultado de (+452 -10 =20) a su favor.

Con tales sesiones, verdaderos espectáculos públicos, se trataba de impresionar a la afición. Lo sorprendente es que con ellas se produjo una especie de confrontación tácita entre Capablanca y Alekhine. Veámoslo:

El 12 de febrero de 1931, Capablanca intervino en una sesión de simultáneas en Nueva York; constó de cincuenta tableros con cuatro consultantes en cada uno de ellos, es decir, con doscientos participantes. Ganó 28 partidas, perdió 6 y empató 16. Este espectáculo causó sensación grande; se comentó en la prensa, y reunió a unos dos mil quinientos espectadores.

Año y medio después, Alekhine organizó una sesión en aquella ciudad y en las mismas condiciones que la organizada por Capablanca, obteniendo el resultad o de +30 -6 =14. Y, en el invierno de 1932, organizó otra en París; constó de 60 tableros y de 5 consultantes en cada tablero; o sea que tomaron parte 300 ajedrecistas, con el resultado de +37 -6 =11 a favor de él.

Pero el maestro cubano logró superar a su viejo competidor: el 15 de mayo de 1932, dispuso una en La Habana, con 66 tableros y 5 consultantes cada uno de ellos; logró el brillante resultado de +46 -4 =16

Desde luego, este resultado prueba la fuerza relativa de los participantes, por cuanto la fuerza de éstos pudo ser diferente; pero esto demuestra que el espíritu de rivalidad buscaba nuevos procedimientos para mantenerse.

Es de notar que, en 1933, el ex campeón consiguió una importante victoria sobre el maestro norteamericano Steiner, jugando con piezas “vivas”. Los directores de las productoras hollywoodenses organizaron una lujosa y bella competencia.

El año 1932, Capablanca publicó el «Tratado elemental de ajedrez», cuya parte primera es una copia de los «Fundamentos de ajedrez»; la parte segunda contiene doce partidas de su autor pertenecientes al período de 1921 a 1931, con comentarios casi inaccesibles al principiante. En dicho tratado no inserta ninguna de sus partidas con Alekhine, ni menciona a éste para nada, ni recuerda su encuentro con él en la contienda por el título mundial.

¡Esto refleja la pena que le causaba haber perdido!

De 1931 a 1934, no intervino en ninguna competición, sino que se dedicó al estudio de las aperturas más recientes. En las partidas que jugó posteriormente hace uso de sistemas y variantes que no figuran en su repertorio anterior. Sin embargo, su ausencia prolongada en los torneos se reflejó negativamente en su preparación deportiva. Por lo demás, ahora tenía que enfrentarse no sólo con sus coetáneos, cuyo juego conocía, sino también con la nueva hornada de talentos jóvenes que salió a la arena internacional a principios de la cuarta década.

En 1934 comenzó de nuevo a jugar torneos de mayor importancia.

A fines de 1934, Capablanca embarcó para Inglaterra, con el fin de actuar en el torneo de Hastings. Allí, se encontró con Botvinnik, quien intervenía por primera vez en una competición internacional.

Los resultados de este torneo fueron inesperados: Thomas, Flor y Euwe compartieron los tres primeros puestos; Capablanca ocupó el cuarto puesto, con un punto menos que los vencedores, y, lo que es más importante, perdió la partida frente a Thomas y a Lilienthal, y empató con Botvinnik, Flor y Euwe.

En febrero de 1935, participó en el torneo internacional de Moscú; en el cual, además de él, participaron siete maestros extranjeros y doce ajedrecistas soviéticos, entre éstos hubo bastantes talentos jóvenes.

La primera ronda ya causó sensación: Capablanca jugó con negras; subestimó al joven participante Riumin; rehusó el cambio de damas, contrariamente a lo que recomendaba la teoría en la variante de apertura por él elegida, y se encontró con una clavada decisiva. En una posición insostenible, agotó el tiempo al vigesimonoveno movimiento. ¡Esto le sucedía por primera vez en su carrera ajedrecista! Luego, empató bastantes partidas, y sufrió una segunda derrota frente al envejecido Lasker, que lo adelantó por cuarta vez en la tabla de la clasificación.

Los jóvenes campeones Botvinnik y Flor compartieron los dos primeros puestos; Lasker ocupó el tercero, y Capablanca el cuarto.

Al mes y medio, tuvo otro fracaso: en el tradicional torneo de Mirgate ocupó el segundo puesto, situándose detrás del joven Reshevsky, con quien perdió la partida. Lo mismo le ocurrió en el siguiente torneo de aquella ciudad, pues, aunque no perdió ninguna partida, volvió a situarse en el segundo puesto detrás de Flor.

Alekhine acepta defender el título contra Euwe en 1935 y lo pierde, en parte debido a sus problemas con el alcohol dándole a Capablanca nuevas esperanzas…

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