www.caissadigital1921.cubava.cu

Volver a Biografía

1928 – 1932 Años de Actividad Intensa

De 1928 a 1929, Capablanca actuó mucho más que antes; pero sus actuaciones no justificaron las esperanzas propias ni las de sus amigos. Jugó con fortuna, ganó premios importantes y obtuvo unos resultados, que todo maestro hubiese deseado obtener.

¡Pero ya no era el Capablanca de antaño! La pérdida del título supone un duro golpe, así para el sistema nervioso como para la mente, del cual uno se resarce difícilmente. Para convencerse de lo veraz de esta afirmación basta recordar a Zuckertort, a Steinitz, a Alekhine, a Euwe, a Smyslov, a Tal y a Petrosian. Solamente Lasker pudo soportarlo, gracias a su excepcional fuerza de voluntad y actitud filosófica en la contienda, cuanto más que tenía edad y reconocía que los años no pasan en balde.

En cuanto a Botvinnik, la situación fue distinta, pues sabía que en sus encuentros con Smyslov y Tal tenía garantizado el desquite dentro de un año. Por ello, la pérdida del título no le inquietó tanto y lo consideró como la mitad de una competición, cuya otra mitad proseguiría al cabo de un año; además, esto le facilitaría tener presentes los errores cometidos y recuperar el título.

Por otra parte, a l campeón del mundo ya no le temen ni sus ex clientes. El mágico título de rey del ajedrez se pierde, y uno deja de ser mago; al decir de Capablanca.

Trató de volver a su variado y brillante estilo: mas no lo consiguió. ¡A los cuarenta años es difícil reorganizarse! En ocasiones jugó igual que en sus mejores tiempos; pero de vez en cuando adolecía de dejadez artístico, lo cual reflejaba en sus breves y deslucidos empates. Sus nervios ya no soportaban la tensión de una lucha difícil y prolongada; empezaba a sentir la falta de tiempo, a tener descuido en la apertura y a calcular mal en el medio juego.

En agosto de 1928, tomó parte en el torneo de Kissingen con  Bogoljubov, Rubinstein,  Nimzovich, Euwe, Tarrasch, Reti, Marshall, Spielmann y otros.  Bogoljubov ocupó el primer puesto, y él el segundo lugar, aunque le ganó la partida al vencedor; pero perdió frente a Spielmann e hizo seis tablas en las nueve partidas restantes. Sobre este torneo, Spielmann comentó:

¡… Capablanca no estuvo al corriente de las variantes nuevas. Además, no juega con la serenidad que le distinguió; a veces, se precipita demasiado. En el juego cometió errores; esto prueba que ya no calcula con la precisión de una máquina: es un ajedrecista con todos los defectos y debilidades humanas…”

No obstante no hacía ni un año había afirmado que: “… ¡Capablanca era invencible! …” El destronamiento se producía aceleradamente.

Este relativo fracaso en Kissingen tuvo consecuencias graves para el ex campeón del mundo.

El 11 de octubre de 1928, decidió citar a Alekhine al encuentro de desquite y celebrarlo de acuerdo con las condiciones firmadas en Londres el año 1922; pero el campeón ya había encontrado la forma de rehuir del encuentro pues ya había aceptado la citación de  Bogoljubov el 28 de agosto (El torneo de Kissingen se celebró el 24 de aquel mes).

Lo único lamentable es que Capablanca demorase la invitación al encuentro de revancha. De esa manera, le facilitó las cosas a Alekhine dándole tiempo a aceptar la de otro competidor más accesible. Alekhine no perdió ocasión para herir a Capablanca, al igual que éste hirió a Lasker, tras el torneo de Nueva York 1924;  cuando dijo: “… Capablanca jugó como en Buenos Aires. Estoy convencido de que no es capaz de hacerlo mejor…”

 Más tarde, las relaciones tirantes entre Alekhine y Capablanca se transformaron en franca enemistad. Loa dos no sólo no se hablaban, sino que ni se saludaban. Lamentable esto impidió la realización de uno de los encuentros más interesantes. Enojado, Capablanca hubiese hecho lo posible para salir vencedor en el encuentro de desquite. Pero, entre los años 1927 y 1934, Alekhine estaba en el apogeo, y habría obtenido unos resultados iguales o mejores que los obtenidos en Buenos Aires; por otra parte, sabía que la pérdida del encuentro de revancha le impediría desquitarse posteriormente.

La no celebración del encuentro apesadumbraba a Capablanca. En una carta del mes de diciembre de 1928 que un ajedrecista dinamarqués dirigió a Grekov, redactor de la revista moscovita “El Ajedrez” expuso:

“… Durante la estancia de Capablanca en mi país tuve ocasión de asistir a sus reuniones. Es una persona amable y atrayente; no denota indiferencia a su popularidad. Al observarlo, se comprueba que no es una máquina ajedrecista, sino un hombre con vehemencia y ambición. Con respecto al encuentro para el campeonato del mundo asegura que volverá a  recuperar el título, sin embargo, este asunto le tiene intranquilo; basta mencionar a Alekhine para que se le encienda el rostro, pierda la buena crianza y el aplomo y se manifieste el meridional apasionado. Siente antipatía hacia Alekhine. En tales circunstancias es difícil creer que recupere el título…”

Después del torneo de Kissingen, Capablanca salió vencedor en otro, celebrado en Budapest, cuyos participantes notables fueron Marshall y Spielmann; en él ganó cinco partidas y empató cuatro. Lueg0 tuvo un éxito importante en una competición a dos vueltas, acaecida en Berlín; en ella actuaron Nimzovich, Marshall, Rubinstein, Tartakower y Spielmann. No perdió ninguna partida (+5 =7); pero sus rápidos y deslucidos empates fueron dignos de reproche.

El año 1929 fue mejor para Capablanca: en la primavera, ganó el primer premio en un torneo limitado que se celebró en Ramsgate; en agosto, actuó en el torneo internacional de Karlsbad junto con los mejores ajedrecistas, entre los cuales figuraron Alekhine y Lasker. Empezó torneo empatando cinco partidas; luego, jugó tenaz y arriesgadamente con Spielmann y Nimzovich para lograr el primer puesto de la clasificación; pero la suerte le fue adversa: llevaba las negras con Semisch y cometió un grave error en la movida 9 y tras una prolongada y tenaz resistencia, hubo de rendirse. En verdad, esta partida le costó el primer puesto, aun cuando tuviese posteriormente posibilidades de salir vencedor. Pues en la partida final con Spielmann siguió una táctica peligrosa e inadecuada a su estilo de juego: con las negras, efectuó intencionadamente una apertura, que movió a Spielmann a lanzarse al ataque, suponiendo que éste estaba cansado y desorientado por la pérdida sufrida en el turno anterior, y contando con que adelantaría en la clasificación aun cuando empatase con él. Por otra parte, el próximo contrincante, Nimzovich, se enfrentaba con un adversario fuerte. Posiblemente, Capablanca quiso desquitarse de su derrota frente a Spielmann en el torneo de Kissingen y, de esa manera, pagarle su constante crítica contra él manifestada en la prensa. Como quiera que sea, fue un error incitar a Spielmann al ataque, por cuanto era un atacante peligroso. Capablanca olvidó el proverbio inglés: “Al tigre no se le debe tirar del rabo” y así, Spielmann ganó por segunda vez al ex campeón del mundo y compartió con él los puestos 2do y 3ro. Y Nimzovich salió vencedor.

De ese modo, la aureola de la invencibilidad de Capablanca se disipó definitivamente, ya que en sus partidas con Rubinstein, Thomas y Euwe tuvo una posición desventajosa, y pudo salvarse gracias a los errores cometidos por sus tres contrincantes.

El intento de recuperar su estilo anterior estuvo condenado al fracaso, porque ya no podía pensar con rapidez ni ser imperturbable y certero en el ataque. Así y todo, continuaba siendo al lado de Alekhine o detrás de él uno de los ajedrecistas más destacados; lograba premios importantes y lo que era para él un fracaso hubiese sido para cualquier ajedrecista un éxito brillante.

¡Pero eso era el resultado de haber perdido la corona ajedrecista. En la colección de partidas de dicho torneo, y refiriéndose al ex campeón, Nimzovich dice con un tono condescendiente:

“…en general, el resultado obtenido por Capablanca no es el que esperaba. Y no volverán los tiempos dorados en que podía eludir las complicaciones y conseguir de esa forma los primeros premios. Juegue señor Capablanca sus particas con el profundo contenido con que jugó la partida conmigo; entonces, podría indudablemente salir vencedor en las competiciones. Pues, en nuestros días, no se adelanta nada si se pretende simplificar rápidamente el juego…”

Lo más curioso es que esta partida quedó en tablas; que, hasta el año 1928, Capablanca le ganó regularmente y con estilo brillante todas las partidas a Nimzovich, y que éste no se hubiese atrevido a escribir semejante sermón, para no quedar en ridículo.

En calidad de corresponsal de los periódicos norteamericanos, Alekhine estuvo en Karlsbad e hizo un resumen bastante objetivo del juego de Capablanca:

“… voy a detenerme en la calidad de las partidas de Capablanca; en ellas reveló espíritu combativo y riqueza de ideas, pero tuvo poca inventiva en lo táctico. Si en Moscú no intentó ganar a los concurrentes más fuertes, sino que se limitó a hacer variantes simétricas y deslucidas del gambito de dama, en Karlsbad procuró ganar a Rubinstein y a  Bogoljubov y se arriesgó hasta cierto punto; más no le acompañó la fortuna. En su partida con Semisch hubo de entregar una pieza por un peón en el noveno movimiento; esto causó gran sensación. Este hecho pone de manifiesto que el ex campeón del mundo carece de una importante condición, que, con otras, determina la potencia ajedrecista; a saber la inquebrantable atención que afecta por entero al ajedrecista del mundo exterior…”

Conviene señalar la torpeza cometida por Capablanca, la cual contribuyó a agravar la ruptura de sus relaciones personales con Alekhine: durante el torneo de Karlsbad, el comité organizador autorizó a Alekhine, como campeón del mundo e invitado de honor, para que franquease la barrera, interpuesta entre las mesas de los participantes y los espectadores. Esto desazonó a Capablanca, de tal suerte que protestó dos veces por escrito ante el comité; sus protestas fueron desestimadas, por supuesto.

Después de este torneo y ante su competición individual con Bogoljubov, el campeón del mundo reaccionó a la actitud del ex campeón, echando sal en las recientes heridas de éste:

“… me interesa mucho más competir con Bogoljubov que con Capablanca, por cuanto aquél es un rival más fuerte que éste…”

Desde luego, esto no era cierto, pues, aunque Bogoljubov estaba en lo mejor de sus facultades y en la cumbre de la fama en la tercera década, nunca le ganó a Capablanca; generalmente perdió frente a él. Y en su encuentro con Alekhine obtuvo un resultado de (+5 -11 = 9, inferior al obtenido por Capablanca cuando defendió su título. Es de señalar que el encuentro Alekhine-Bogoljubov no se jugó a seis partidas ganadas, sino al mayor número que se ganase de las treinta que constó el Match. Ello se debe a que varias c1udades alemanas y holandesas con tribuyeron a la organización del encuentro, y fue necesario aumentar el número de partidas para satisfacer las demandas de dichas ciudades. Los ataques contra Capablanca y el tono irreverente de sus viejos aduladores causaron sorpresa a todo ajedrecista que pensase de un modo objetivo. En una revista de ajedrez francesa en su número del mes de octubre de 1929, un tal Jatie publicó un interesante artículo, titulado «En defensa de Capablanca» Dice:

“… Capablanca ha perdido el cariño y la consideración con que el público le trataba. Esto hace que se reflexione diversamente sobre este particular. El ex campeón del mundo, no obstante ser un jugador de primera clase, está sometido a severa crítica, que, a veces, linda con lo injusto. A tal crítica estuvieron sometidos los indiscutibles campeones del mundo en el pasado. Steinitz y Lasker han sido víctimas da ella. Pudiérase creer que a la fama le acompañan tres etapas: la admiración, el descontento y la conmiseración. La senda de la fama discurre por estos tres sentimientos, tan imprescindibles para el ajedrecista, como el abono para las plantas. Steinitz y Lasker experimentaron una hostilidad casi abierta. Cuando la vejez y la enfermedad se acercaron furtivamente a Steinitz, se empezó a tenerle lástima, lo cual le mortificó más que todos los ataques dirigidos anteriormente contra él. Lasker conserva todavía su excelente potencia; por lo cual, aún no da motivos para tenerle lástima. ¡Paciencia!, que ya sucederá cuando sufra las primeras derrotas. Capablanca se halla actual mente en el período crítico; lucha con el cruel destino, y el público empieza a ser injusto con él, de modo que un observador imparcial lo puede calificar de mala fe. Mientras, Alekhine baila en la primera etapa, es decir, goza de admiración. Nadie pudo prever que destronase a Capablanca. La afición lo aplaude calurosamente por ese sensacional logro, pues aún no ha llegado a la etapa de la indiferencia… Pero no olvide que la opinión del público es mutable, ni que la Roca Tarpeya está al lado del Capitolio…”

En 1929, Capablanca obtuvo sin perder una partida el primer premio en los torneos de Budapest y de Barcelona; asimismo ganó el primer premio sin perder una partida en el torneo navideño de Hastings 1929 y el 1930 ocupó el segundo puesto al perder frente al notable ajedrecista indostanés Sultán-Kan. El primer clasificado fue Euwe.

Capablanca no perdió las esperanzas de que se organizase el encuentro de revancha.

Alekhine recibió de Nimzovich, vencedor en el torneo de Karlsbad, la citación para defender el título; pero le respondió que consideraba justo defenderlo primero frente a Capablanca, si éste reunía el dinero necesario para el 1 de enero de 1931. Y así, Capablanca entregó inmediatamente la fianza de quinientos dólares a un amigo suyo norteamericano que, al parecer, haría el papel de «Segundo» en el encuentro de referencia, más, al no poder reunir la cantidad convenida, dirigió una carta a Alekhine rogándole que pospusiese el encuentro por un año.

Este convino en esperar hasta el 15 de febrero, y le exigió que habría de donar los quinientos dólares a una institución benéfica, caso de finalizar el plazo y de no haber reunido los fondos estipulados para el encuentro. Tal exigencia ofendió al excampeón, y en una entrevista con un reportero se quejó de que Alekhine impedía la celebración del encuentro al no querer disputarlo en La Habana, donde sería más factible reunir los medios necesarios para celebrarlo; de pasada, dijo que no dudaba del resultado del mismo. Todas esas querellas públicas irritaron a los dos rivales y redujeron al mínimo las posibilidades de celebrarlo.

Por otra parte, la crisis económica mundial estaba en su apogeo; y así, era casi imposible encontrar dinero para tal fin, pues no sólo se desvaloraban las acciones de los magnates de la industria; también las «ajedrecistas» de Capablanca. Ninguno de los mecenas amigos suyos podía desembolsar dinero ni quería hacerlo, acaso por temor a que los resultados fuesen aún más desfavorables que los del primer encuentro por el campeonato del mundo. Sus partidarios apenas creían en la posibilidad de poder vencer al campeón, porque, no obstante los éxitos alcanzados en los últimos años, no mostraba su anterior ni su superioridad respecto a los campeones europeos.

¡Por el contrario, Alekhine intervino en el torneo de San Remo 1930, y dejó atónita a la afición con su brillante juego que le valió el primer premio, adelantándose a Nimzovich, clasificado en segundo lugar, en tres puntos y medio! ¡En el torneo de Bled 1931 se adelantó a Bogoljubov, segundo clasificado, en cinco puntos y medio! claro que Alekhine estaba en el clímax de sus facultades; por eso era difícil creer que su rival saliese vencedor en un enfrentamiento con él, a pesar de haber ganado en encuentro frente a Euwe de  1931 (+2 -0 = 8)

Aquí surge la siguiente pregunta: ¿por qué no actuó Capablanca en los torneos de San Remo, Bled, los de Londres, de Berna o de Pasadena (EE. UU.) celebrados el año 1932, ni en el de Zúrich de 1934, en los cuales Alekhine consiguió los primeros premios, y en los cuales él habría podido competir con su viejo rival?

Excusado es buscar respuestas complejas, pues hay una bien sencilla: Alekhine de forma astuta impidió que el maestro cubano actuase en los torneos antedichos; su proceder fue simple y oportuno, y aunque no inspiró dudas en cuanto a sus capacidades y actuar deportivo, no fue así en el aspecto moral: como correspondía a todo campeón del mundo, exigía unos honorarios muy elevados, aparte el premio pero poniendo la condición de que dichos honorarios fuesen aún más eleva0dos, si participaba Capablanca! Puestas así las cosas, los organizadores habrían tenido que hacer frente a unos gastos excesivos en una época en que era extremadamente difícil reunir fondos para celebrar una competición; por ello, preferían contar con el campeón, sacrificando al subcampeón.

¡Y así Capablanca declaró públicamente que no tomaba parte en el torneo de San Remo, porque no lo habían invitado! Tampoco le invitaron a participar en el de Bled, acaecido al año siguiente. Pero lo más sorprendente fue el comunicado de la prensa, según el cual Alekhine había sido invitado a tomar parte en el torneo de Pasadena, de 1932, y Capablanca había dado su conformidad para intervenir en él; pero aun así no pudo intervenir.

Esta manera de esquivar el enfrentamiento con Capablanca o todo aquel que tuviera alguna posibilidad de ganar algún torneo inspiró una morbosa desconfianza en los profesionales del ajedrez durante la crisis económica mundial. Por eso, en 1932, y tras anularle inesperadamente su participación en el torneo de Berna, Spielmann dirigió una carta abierta a Alekhine, con el encabezamiento de «Yo acuso», al igual que a fines del siglo anterior, Emilio Zola encabezó su célebre carta dirigida al gobierno francés, exigiendo la revisión del proceso Dreyfus. Acusaba a Alekhine de impedir, por el procedimiento antedicho, que se invitase a Nimzovich, a Capablanca y a él a los torneos. Pero «como era de esperar» el comité organizador desmintió categóricamente que Alekhine estuviese involucrado en ello.

Ya en 1931 había derrotado al gran jugador holandés Max Euwe +2 -0 =8, tras lo cual dejó de jugar por un tiempo al más alto nivel, participando solamente en partidas de menos importancia en el Club de Ajedrez de Manhattan. Reuben Fine, extraordinario jugador de ajedrez rápido, rememora que en este período jugó varios cruces de esta especialidad con Alekhine, con resultados muy parejos. En comparación, las pocas veces que se enfrentó en esta variante con el cubano, éste lo machacó “sin misericordia”.

Share

Deja un comentario

Your email address will not be published.