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1925 – 1927 La última Bocanada…

Los reveses sufridos en los torneos de 1924 y 1925 obligaron a reflexionar, tanto a Capablanca como a sus partidarios americanos influyentes. Mientras tanto, la fama de Alekhine empezaba a eclipsar la del campeón, pues aquél ganó el primer premio sin perder una partida en el torneo internacional de Baden Baden en el año 1925; en él intervinieron los mejores ajedrecistas, excepto Capablanca y Lasker. Se empezó a comparar al brillante y voluntarioso estilo del maestro ruso con el de Capablanca, que ya no tenía el brillo anterior.

En 1926, Capablanca ganó el primer premio en un reducido torneo que tuvo lugar en Lake Hopatkong (EE. UU.); en él actuaron Marshall, Maroczy, Kupchik y Eduardo Lasker; pero este éxito no bastó para restablecer su fama.

Ya no se podía demorar la citación de Alekhine a disputar el título mundial, porque éste ya había gestionado con el gobierno argentino el aspecto económico del encuentro y debía celebrarse a finales de 1927.

Para matar dos pájaros de un tiro, es decir, restablecer la confianza en el campeón y bajarle al aspirante los humos, no se pusieron trabas para organizar en 1927 un torneo individual entre los seis mejores ajedrecistas se celebró entre el 19 de febrero y el 25 de marzo, en Nueva York; participaron Capablanca, Alekhine, Vidmar, Marshall, Nimzovich y Spielmann. Cada uno jugó cuatro partidas con el resto.

Causó mala impresión que no se invitase a Lasker, quien aventajó a Capablanca en todos los torneos. Resentido, el viejo maestro atacó públicamente al campeón, que respondió:

“…a partir de 1911, y en dos ocasiones, hube de defenderme de los ataques de Lasker, y tanto, que llegamos a no hablarnos unos años. Al fin, se lo perdoné por admirarle como a un gran ajedrecista, por tener más edad que yo y por haber sido tantos años campeón del mundo. Pero, ahora vuelve a atacarme, a pesar de no haberle dado motivo para ello…”

Indudablemente, Capablanca no tuvo que ver nada en este asunto; de ello se encargó el comité organizador que temía una nueva victoria de Lasker.

Tampoco participaron Rubinstein, único maestro que había obtenido buenos resultados en sus encuentros con Capablanca (una partida ganada y varios empates), ni Reti, que ganó al campeón del mundo tras unos años de no haber tenido ninguna derrota, ni Bogoliubov, que exigió unos honorarios elevados. El comité organizador no quiso pagárselos. Pero Capablanca le dirigió una carta prometiéndole que, si participaba en dicho torneo y ganaba el segundo premio, estaba dispuesto a poner en juego su título con él: no obstante, Bogoliubov no lo aceptó.

Alekhine tuvo conocimiento de esta carta, y no la olvidó.

Otro asunto indignó a Alekhine; a fin de complacer a Capablanca, el comité organizador incluyó en su programa un punto, según el cual se pr0pondria candidato para el título mundial al participante que lograse el primer premio, o el segundo si Capablanca salía vencedor. Alekhine presentó una enérgica protesta y amenazó con retirarse, caso de no excluir dicho punto. El comité hubo de aceptarla, porque el torneo no tendría importancia si él se retiraba. Con todo, esto le causó amargura grande.

La víspera del torneo, Capablanca publicó un artículo en el “New York Times”: dejaba entrever la preocupación por los resultados del inminente encuentro. Luego de dar una halagüeña reseña sobre los participantes, particularmente de Alekhine, quien, según él, podía considerarse como el verdadero candidato para el título, habló de sí mismo:

“…sólo queda por examinar las posibilidades del autor de estas líneas. Sería cínico decir que no me considero apto para uno de los tres primeros puestos, Si se comparan mis anteriores logros con los de cualquier participante, la deducción se impone por sí misma. Es claro que el campeón del mundo debe poseer unas cualidades que no se descubren fácilmente en sus competidores, no obstante, reconozco que tales cualidades no son constantes y que, ahora, tal vez tengo menos eficiencia que en mis mejores tiempos, o sea, diez años atrás. A mi modo de ver, estuve en lo mejor de mis facultades cuando realicé el encuentro con Kostic en La Habana, donde perdió una tras otra cinco partidas. A demás, muchos de mis adversarios, si no todos, son actualmente más fuertes que antes. El resultado del torneo demostrará la diferencia entre la disminución de mis fuerzas y el aumento de las de mis competidores…

…es interesante comparar el pasado con el presente. En el torneo internacional de San Sebastián de 1911, nadie me creyó capaz de ganar el primer premio; pero yo lo ambicionaba y, gracias a la fortuna, cobré fama. Actualmente, merezco la confianza tras muchos años de éxitos ininterrumpidos, si bien tengo menos ambición y la fortuna no me mima tanto. En tiempos pasados, desconocía las cualidades de mis competidores: en cambio, tuve una gran capacidad de trabajo. Ahora los conozco bien; pero, ¡ay!, la capacidad de trabajo no es la misma. Entonces, me ponía nervioso y perdía fácilmente el aplomo; ahora, soy impasible y no me conmueve nada; tengo más experiencia, pero menos fuerzas. ¿Renacerán éstas? Pronto lo veremos. El escenario está dispuesto, y va a levantarse el telón, para representar lo que ha de ser una de las competiciones ajedrecistas más memorables…”

Estas palabras denotan los sentimientos clásicos de todo profesional ante una actuación difícil. Pero el curso del torneo demostró que Capablanca supo recobrarse y hacer que renaciesen sus fuerzas, que no cuidó debidamente.

A partir de la tercera ronda adelantó a los otros participantes, y se mantuvo así hasta el final. El éxito fue excepcional: terminó invicto en una vuelta cuádruple con seis de los mejores jugadores del mundo y con 2,5 puntos por encima del segundo lugar (Alekhine). Capablanca también superó al moscovita en su primer enfrentamiento, ganó el premio de la partida más brillante contra Rudolf Spielmann y ganó dos juegos interesantes contra Nimzowitsch, Cada vez se distanciaba más de su inmediato seguidor. A cada participante le ganó al menos una partida, incluido Alekhine. Ya se aseguró el primer premio unos turnos antes de finalizar la competición y aventajó a Alekhine, segundo clasificado, en dos puntos y medio. En sus partidas se manifestó, al igual que antes, la unión de una profunda estrategia con la brillantez de combinaciones ingeniosas. Después de tan merecida victoria, resultaba difícil creerlo incapaz de mantenerse en el trono ajedrecista.

Acerca de su triunfo escribió en el “New York Times”:

“…estoy totalmente satisfecho de mi capacidad de juego en el curso del torneo, particularmente en la tercera vuelta, en que fue necesario un esfuerzo enorme para adelantarme a los otros participantes. Se da la curiosa circunstancia de que fui débil donde me consideraba fuerte. Por lo común, gano cuando llevo ventaja, por mínima que sea; en cambio, logré dos veces una ventaja considerable en este torneo,  y no pude evitar que mis contrincantes huyesen de la derrota. Por lo demás, mi capacidad no ha menguado como creí en un principio. La mayor parte de mis adversarios cree que soy tan fuerte como antes…”

Pero por más disparatado que parezca, esta victoria representó un papel siniestro en el encuentro que tendría lugar medio año después. El campeón del mundo se olvidó de la amarga experiencia adquirida en los torneos anteriores y de sus duras autocríticas, volviendo a creer ilimitadamente en su fuerza y subestimando a sus competidores. Sobre todo, su victoria sobre Alekhine impresionó mucho, tanto a él como al mundo del ajedrez. En la colección de partidas del torneo, Alekhine dice:

“…a consecuencia de mi mal juego, el valor de esta partida es nulo; pero el significado psicológico de la misma fue grande para la afición y no para el vencido. No da lugar a duda de que por ella el noventa y cinco por ciento de los llamados críticos competentes ha empezado a persuadir al mundo ajedrecista que el encuentro en Buenos Aires ofrecerá unos resultados totalmente distintos…”

Por ejemplo, después del torneo neoyorquino, Spielmann dijo:

“… ¡Capablanca es invencible cuando está en la forma en que estuvo durante el torneo de Nueva York! Creo que se mantendrá en el trono ajedrecista… Alekhine no ganará una partida en la disputa por el título”

Según Vidmar: “… Alekhine no tiene ni la sombra de una posibilidad…”; Bogoljubov coincidió: “… El resultado final va a ser 6 x 3 a favor de Capablanca… “; Nimzowitch y Maroczy se pronunciaron también en favor de la victoria del cubano.

Indudablemente, el campeón del mundo también lo creyó así, por cuanto se comportó con sorprendente despreocupación ante el enfrentamiento con tan poderoso contrincante. ¡Se piensa que Capablanca no se sentó al tablero ni abrió un libro de ajedrez en los seis meses que mediaron entre la última partida jugada en Nueva York y la primera del encuentro del campeonato del mundo!

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