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1925 – 1925 Fatídico Año…

En este año 1925 le nace una hembra, a la cuál le pone igual que a la madre, Gloria Capablanca Simoni.

El inconstante juego de Capablanca causó perplejidad a los conocedores y críticos de su arte creador: podía jugar con la brillantez, el dinamismo y la variedad de antaño; sin embargo, causaba impresión de padecer cierta crisis artística, por cuanto, a menudo, no manifestaba energía, sino frialdad y poco brillo, y se conformaba con unas rápidas tablas.

A los tres años del torneo soviético, Alekhine dijo:

“…en 1925, Capablanca tuvo uno de sus mayores desengaños: en el torneo internacional de Moscú clasificó en tercer lugar a costa de muchos esfuerzos… A partir de entonces empezó a rumorearse que el campeón del mundo manifestaba síntomas alarmantes en su modo de jugar, y se sospechó que su arte no era lo que había prometido al comienzo de su carrera ajedrecista, tanto más cuanto que tendió, con el paso de los años, a simplificar el juego y a usar de procedimientos estrictamente técnicos en él; estos procedimientos eliminaban el espíritu vivo manifestado en las partidas que realizó en los torneos de San Sebastián y de San Petersburgo, acaecidos en los años 1911 y 1914, respectivamente…”

También señala que el rehuir todo riesgo y el instinto de conservación de Capablanca redundaron en perjuicio de muchas ideas, bellas y atractivas; luego, detalla su retroceso estilístico:

“…en la partida, así que el pensamiento matemático cede el sitio al arte puro se revelan las virtudes de Capablanca que casi le dieron fama legendaria; sobre todo, la sorprendente rapidez con que abarca la posición y la casi exacta e intuitiva valoración de la posici6n. Sin embargo, estas dos cualidades, que aplicadas oportunamente, debían haberlo elevado a una cumbre artística poco menos que inaccesible, lo llevaron a unos resultados totalmente opuestos; a un punto muerto; al convencimiento de que el arte del ajedrez se acercaba a su fin, de que estaba casi agotado. ¿Cómo pudo suceder? Para dar una respuesta exacta es necesario detenerse en los peligros psicológicos que entraña la primera de las dos cualidades arriba citadas. Con la evidente ventaja que da la valoración de una posición dada, o sea, la capacidad de ver casi de golpe una serie de circunstancias tácticas, existentes en toda posición compleja (económica en el razonamiento y, por ende, confianza en sí mismo), está relacionada cierta tentación: el ajedrecista puede llegar a deducir erróneamente que aquellos movimientos que él da en seguida por buenos son indudablemente los mejores; debido a ello, su arte pierde en profundidad lo que gana en agilidad. Esta paulatina renuncia a buscar realmente la jugada adecuada caracterizó desafortunadamente su arte creador del período de 1922 a 1927…

…sólo dos casos de excepción: si el predominio del elemento combinatorio le obliga a pensar concretamente y si el adversario ha cometido una serie de errores, y, por lo mismo, él tiene una posición que le asegura la victoria, entonces se manifiesta el Capablanca artista que le place terminar la partida con rapidez y belleza….”

En estas palabras se levanta la voz del artista, al que le aflige ver cómo se desaprovecha el brillante talento combinativo de un colega y cómo se priva el mundo ajedrecista de muchas joyas artísticas, debido al espíritu práctico y a la excesiva prudencia del campeón del mundo.

Lo dicho por Alekhine coincide con el profundo análisis del estilo de Petrosian que hizo Botvinnik en una conferencia pronunciada el 23 de junio de 1966 en el club de ajedrez moscovita D.S.O. Es de advertir que las orientaciones artísticas de Petrosian se semejaron a las de Capablanca del período de 1922 a 1927.

Escuchemos a Botvinnik:

“…el estilo de Petrosian es ahorrativo; determina qué pieza se ha de mover, y la mueve. Para ello no se necesita atender tanto a las variantes, como en el estilo de juego de Tal, si todas las piezas están en el tablero y se preocupa, sobre todo, por lo que sucede en él en un momento dado y lo que sucederá después de haber movido las piezas…

…el estilo ahorrativo conviene al ajedrecista joven, por cuanto tiene éste más reservas de energías y ahorra fuerzas en las primeras horas de juego, mientras el contrincante ya lleva calculadas muchas variantes, y, por ende, empieza a calcularlas con menos precisión que al principio. En tales circunstancias, Petrosian empezaba a jugar con toda su potencia y conseguía éxitos, si su posición era segura y la de su adversario tenía puntos vulnerables. Actualmente, no es capaz de hacerlo, p0rque, al parecer, la incompleta utilización del sistema nervioso, es decir, al no trabajar a pleno rendimiento en el transcurso de los años, ha sido la causa de que disminuyese su capacidad de trabajo. Esto sucede también en el pedestrismo: si el corredor se prepara sin usar todo el poder de sus pies, su forma deportiva disminuirá rápidamente cuando participe en una competición…

…posiblemente, esto explique la evolución de la carrera ajedrecista de Capablanca, que en su juventud no empleó todas sus reservas y ya no podía jugar como antes cuando competí con él (entonces el maestro cubano tenía cuarenta y seis años)…”

El propio Capablanca se daba cuenta de que no poseía las facultades de antes; se quedaba atrás en el campo de la apertura; por eso, sus contrincantes, incluidos los inferiores a él, Igualaban la posición al comienzo de la partida y conseguían hacer tablas, pues hacer tablas con el campeón del mundo era siempre un deseo y un honor. Para llenar este vacío había que trabajar mucho, profundizar en los libros, estudiar las novedades teóricas y crear las propias; en suma: estudiar el componente científico del juego. Pero, desacostumbrado al trabajo intenso desde su juventud, le repugnaba extremadamente cargar con el peso del esfuerzo de todo teórico ajedrecista. Esto se ve claro en el curioso llamamiento que publicó con el título “Apartémonos de lo científico”, en la revista moscovita “El Ajedrez”, durante el torneo celebrado en la capital soviética:

“…el ajedrez no alcanzará su apogeo mientras se sigan los procedimientos científicos. Actualmente, el maestro no sólo usa de las sutilezas técnicas, sino también del componente psicológico para ganar una partida. ¡Por ello, hagamos un nuevo esfuerzo y, con ayuda de la fantasía, volvamos la lucha táctica en lucha de ideas! -J. R. Capablanca…”

Sin embargo, no siguió su propio llamamiento; perseveró en sus orientaciones erróneas hasta el fin de sus días. En 1937, dijo:

“…en lo que respecta a mí, debo confesar que el estilo de juego no corresponde al del principio de mi carrera. Al tender señaladamente a lo simple, juego con precaución y eludo el riesgo. Esta postura es a mi ver justa, pues el exceso de audacia es contrario a la naturaleza del ajedrez, que no es un juego de azar, sino una contienda estrictamente intelectual y está fundada en antecedentes lógicos…”

Y en el comentario sobre la partida con Botvinnik, la cual constó de veintiún movimientos y se jugó en el año 1936, dijo:

“…en las partidas importantes procuro no arriesgarme…”

¡Desde luego, la huida del riesgo que entraña la audacia artística y la extremada tendencia a simplificar disminuyeron las posibilidades de Capablanca!

Durante este año 1925 padece muchas tristezas, y el nacimiento de su hija no impide que terminen divorciándose él y su esposa, sumado a que debe sufrir la pérdida de su padre y poco después a su madre. Sin dudas un duro año para el CAPA.

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