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1923 – 1925 Los primeros fracasos…

Durante 1923 nace su primer hijo, José Raúl Jr. Capablanca Smoni.

¡Aníbal se refugió en Capua, y Capablanca lo hizo en Nueva York! El sibaritism0 ocasionó la derrota a los dos: a uno se la infringieron en el campo de batalla y al otro en el tablero de ajedrez.

Alekhine se hallaba en Montreal el 29 de noviembre de 1923; dirigió una carta a Capablanca comunicándole que iría a los Estados Unidos de Norteamérica para gestionar el asunto monetario referente al encuentro entre los dos y que la cita se la mandaría después de Año Nuevo, cuando hubiese expirado el plazo de la cita que le había dirigido Rubinstein, quien no pudo reunir la cantidad fijada para disputarle el título.

En diciembre de aquel año, Alekhine hizo una gira por los EE.UU., y comprobó que l0s potentados norteamericanos no estaban dispuestos a desembolsar diez mil dólares y pico para el encuentro Capablanca-Alekhine; pero estaban conformes en apoyar económicamente un torne0 en el que interviniesen los ajedrecistas más notables de diversas naciones y algunos maestros americanos.

De esta manera, empezó un torneo a dos vueltas el 16 de marzo de 1924 en Nueva York; en él actuaron Capablanca, Lasker, Alekhine, Bogoliubov, Maroczy, Tartakower, Janovski, Ates y los estadounidenses Marshall y Eduardo Lasker.

Se da la curiosa circunstancia de que no se había confeccionado el pareo y que debía celebrarse el hecho, como se suele antes dar comienzo a una competición; por lo que echó a cara o cruz el turno con que se debía empezar.

No encontrándose bien Capablanca cometió la imprudencia de actuar en una reunión de ajedrecistas notables; tenía fiebre cuando jugó las primeras partidas. Lo lógico era pedir que se aplazase la competición o que se le permitiese intervenir unos días después de haber empezado. Por eso, no sorprende que empatase las tres primeras partidas a los veinte movimientos y pico de haberlas empezado. En el cuarto turno, le ganó un peón a Alekhine; con todo, no pudo aprovechar esta ventaja en la fase final de la partida. En el quinto turno, tenía una posición excelente; mas erró en el cálculo, y perdió la partida con Reti. ¡La primera derrota que le infligían al cabo de ocho años de victorias! ¡Esto disipó la aureola de su invencibilidad!

En la segunda vuelta, se sintió mejor y estuvo más equilibrado: con todo, y no obstante infringirle una sensible derrota no pudo tomarle la delantera a Lasker, que tuvo una actuación brillantísima y salió vencedor del torneo, obteniendo dieciséis puntos de veinte partidas. El quedó en segundo Jugar con catorce puntos y medio; su único éxito fue lograr que se aplazase por tres años el encuentro con Alekhine, debido al relativo fracaso de éste.

Desde luego, no le satisfizo este resultado; sobre todo, al no haber podido aventajar a su viejo rival Lasker.

Tras esta competición, el tono y contenido de sus declaraciones a la prensa ofendían a Lasker y a Alekhine, pues trató de demostrar que los dos no podían igualarle:

“…los resultados de este torneo me han causado desilusión grande. Pues confiaba en que alguno de los ajedrecistas jóvenes estaría, por lo menos, a la altura estilística del viejo maestro. De haber sido así, le hubiese brindado gustosamente la oportunidad de ganar el título mundial o hubiese visto la forma de apartarme sin causar menoscabo al ajedrez. Por cuanto, si rehusase yo el título, Lasker volvería a poseerlo. Esto no es deseable, y así, he de permanecer en mi puesto. A mi modo de ver Lasker no duda de que le supero. Tras la competición de La Habana, nadie hubiese puesto en tela de juicio los resultados del torneo de Nueva York. Durante el mismo anduve malo; por eso, me sorprende haber alcanzado el segundo puesto de la clasificación, cuanto más que le gané la partida a Lasker, quien no jugaría mejor que lo hizo cuando disputamos el título si concertásemos un segundo encuentro; creo sinceramente que en Nueva York jugó peor que en La Habana; ganó el primer premio, porque los maestros jóvenes jugaron peor que él. Alekhine, digno de la candidatura para el título mundial antes de este torneo, ha desilusionado a sus partidarios; sin embargo puede jugar mejor. Si el mundo ajedrecista deseara presenciar un buen encuentro, sería necesario organizar uno entre Lasker y Alekhine…”

En cuanto a lo de apartarse sin causar menoscabo al ajedrez, Capablanca aclara:

“…no pienso participar en otros torneos internacionales. He participado en este por tratarse del primero en importancia, celebrado de 20 años acá en Norteamérica, a pesar de haber decidido no actuar en competiciones de importancia tras la muerte de mi padre. Mis actuaciones posteriores tendrán carácter público (a semejanza de las sesiones de simultáneas con ciento tres tableros). Renunciaré gustosamente al título de campeón del mundo; pero como los jóvenes ajedrecistas tienen derecho a disputármelo, esperaré pacientemente a que alguno de ellos no defraude las esperanzas y me lo gane en un encuentro organizado para tal fin. Si consigo defenderlo, entonces veré la forma apartarme del ajedrez…”

Estas declaraciones son curiosas por su contenido psicológico. En primer lugar, Capablanca tenía treinta y cinco años cuando lo hizo y, al mencionar a los ajedrecistas jóvenes, pudo referirse solamente a Alekhine, quien era cuatro años más joven que él; los demás eran coterráneos del excampeón del mundo. En segundo lugar, el tono indulgente y altanero con que menciona a sus colegas y lo de renunciar gustosamente al título de campeón del mundo tuvieron por objeto insinuar a la afición americana que él no era un jugador profesional cualquiera, sino un caballero pudiente, un hombre de mundo aficionado al ajedrez, aunque no dependía del mismo. Este curioso rasgo le semeja a Morphy, que rehusó decididamente el nombramiento de maestro y se indignó cuando un periódico local lo calificó de ajedrecista célebre ante los lectores; por lo cual, escribió una extensa carta a la redacción exponiendo que no era jugador de ajedrez, sino que vivía de la herencia que le había dejado su padre, y cuyo valor ascendía a 146.162 dólares y 54 centavos. Esto es la fantasía de una persona alienada.

Pero ¿por qué pensaba Capablanca dejar el ajedrez? ¿Por la influencia de su presuntuosa cónyuge o por su propia admiración infundada por las cosas que estaban de moda? ¡Y el ajedrez se vengó de él, porque el genio ajedrecista despreció su arte y su persona!

No sacó las consecuencias reales de su relativo fracaso, y desestimó, como era habitual en él toda preparación. Este defecto se reflejó en su actuación en el torneo de Moscú acaecido entre el 10 de noviembre y el 8 de diciembre de 1925, o sea, al año y medio del de Nueva York.

Fue el primer torneo internacional soviético con un conjunto de participantes notable. Capablanca, Lasker, Rubinstein, Marshall, Reti, Grünfeld, Spielmann, Tartakower, Ates, Semisch y Torre compitieron con una decena de ajedrecistas soviéticos, entre ellos el campeón del país Bogoliubov (que un año después tomó la nacionalidad alemana; pero, con anterioridad a este hecho, había intervenido en dos campeonatos nacionales y, por ello, conocía perfectamente el modo de jugar de sus compatriotas).

Era de suponer que Capablanca, encontrándose bien, tratase de rehacerse del revés sufrido en Nueva York e hiciese alarde de su arte creador al comienzo de la competición, tanto más cuanto que se enfrentaba con Lasker y jugaba con Blancas en la primera ronda.

Pero no fue así: jugó sin entusiasmo; efectuó con imprecisión o indolencia la apertura, y en el medio juego causó impresión de no estar preparado. ! Estaba como fatigado! Al comienzo del torneo, empató «con rapidez y sin lucimiento» algunas partidas; en la séptima ronda inició descuidada e infundadamente un ataque contra la posición de Ilin-Shenevski, subestimando a su desconocido contrincante, que se defendió con tenacidad, tomó la iniciativa y, con un bello sacrificio de dama alcanzó la victoria.

Su partida con Berlinski, jugada en el subsiguiente turno, ofreció interés psicológico y no ajedrecista y atestiguó una falta de prudencia incomprensible.

Tras cinco días de lucha intensa, hubo uno de descanso. Así que terminó la partida, tomó el tren la noche del 20 de noviembre y salió para Leningrado, en vez de descansar; allí, actuó en una sesión de simultáneas contra treinta ajedrecistas de primera categoría (entonces, no había candidatos a maestro, si bien los jugadores de primera no lo hacían peor que los candidatos actuales). Se dio la curiosa circunstancia de enfrentarse por primera vez con Miguel Botvinnik, uno de sus futuros sucesores, que a la sazón tenía catorce años de edad y le ganó la partida en la sesión de referencia.

Después de cinco horas y media de juego intenso, y con el resultado de + 18 -4 = 8 a su favor, volvió a tomar el tren y regresó a Moscú, donde, tras dos noches de viaje y sin descanso, reanudó su actuación en el torneo. Es natural que pareciese estar enfermo cuando jugó la partida con Berlinski el 21 de noviembre; pero verdad era que estaba agotado. Jugó con blancas, de un modo pasivo y anti posicional; esto hizo que la perdiese ya en el decimocuarto movimiento aunque Berlinski optó por un procedimiento más largo para alcanzar la victoria que consiguió al movimiento 60.

Jugando de esa manera, sorprende cómo pudo situarse en uno de los primeros puestos de la clasificación. Esto evidencia el alto nivel de su talento nato.

Al final del torneo hizo una serie de partidas brillantes; a dos de ellas se les concedió el premio de belleza; pero ya era demasiado tarde.

Bogoliubov salió vencedor al obtener quince puntos y medio de veinte partidas; a ello contribuyó el conocer la forma de jugar de los nueve participantes soviéticos, en cuya confrontación sacó ocho puntos (+ 7 -0 = 2).

Lasker, a sus cincuenta y seis años, ocupó el segundo puesto con catorce puntos, de los cuales obtuvo siete en su confrontación con los ajedrecistas soviéticos (+6 -1 =2); le satisfizo haber superado de nuevo al campeón del mundo.

Y Capablanca ocupó el tercer puesto a medio punto del segundo; en su encuentro con los participantes soviéticos obtuvo 5 puntos y medio (+ 4 – 2 = 3).

¡Ellos fueron los únicos que le infligieron derrotas!

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