www.caissadigital1921.cubava.cu

Volver a Biografía

1921 – 1923 La Cumbre del Conocimiento

 

Si los adivinadores le hubieran dicho a Capablanca “tu reinado durará sólo siete años”, como se lo predijeron a Boris Godunov, personaje de una tragedia de A. N. Tolstoi, no habría respondido “¡aunque sean siete días!”, como respondió aquél, sino que se habría encogido de hombros y sonreído malsanamente. En verdad, a muy pocos les sonrió la fortuna como a él. Puede decirse que no tenía rivales cuando se sentó en el trono ajedrecista. Pues Lasker declaró públicamente que rehusaba desquitarse de su derrota, con lo cual reveló ser inferior al nuevo campeón; Alekhine se hallaba en algún lugar de la Rusia conmovida por la revolución, y se rumoreaba que había muerto; Rubinstein ya no era el que había sido diez años atrás, y los otros aún no habían salido a la palestra.

Por tanto, Capablanca reinaba bajo un cielo despejado; gozaba de gran renombre; recibía, a modo de sinecuras diplomáticas, ayuda del gobierno cubano.

En diciembre de 1921 contraj0 matrimonio con una norteamericana joven, bella y acaudalada, Gloria Simoni Betancourt y pasó la luna de miel en París, donde actuó en la arena ajedrecista y percibió unos honorarios que Lasker nunca hubiese sospechado.

El mes de agosto de 1922, participó en calidad de nuevo campeón del mundo en el torneo internacional de Londres; también participaron casi todos los maestros notables, a excepción de Lasker, que ya no percibía honorarios elevados por tomar parte en las competiciones, y pesaba sobre él lo de ¡Ay de los vencidos! En la prensa se dijo que no lo habían invitado, debido a la enemistad de los ingleses con sus ex enemigos; pero ¿por qué invitaron al austríaco Tarrasch y al húngaro Maroczy? Desde luego, los motivos son muy simples: por un lado, su autoridad había menguado sensiblemente en La Habana, y ya no se cifraban en él las esperanzas como antes; por otro, Capablanca tal vez no quisiese enfrentarse de nuevo con él, y los organizadores del torneo, teniendo por ídolo al nuevo campeón, posiblemente considerasen el tácito deseo de éste. Después de un cuarto de siglo de veneración general, Lasker sintió dolorosamente que otro ocupase su puesto en el centro de la escena internacional y gozase de todas las ventajas que re portaba la ley de “¡Todo para el vencedor!”

Por ello, las relaciones personales entre estos dos grandes maestros, medio reanudadas ocho años antes, fueron nueva mente corroídas por el “ácido” monetario.

En el torneo de referencia participaron Alekhine, que acababa de abandonar la patria y ya había cosechado una serie de éxitos estimables, los venerables Akiba Rubinstein, Milan Vidmar y Milan Maroczy, los vencedores en los últimos torneos internacionales Efim Bogoliubov y Richard Reti, el joven Euwe y los mejores ajedrecistas ingleses, entre ellos los relevantes tácticos Atkins y Ates.

Mucho antes de dicho torneo se dijo que Capablanca era el invencible campeón de todos los tiempos, y pasaba por un Morphy. En aquel torneo también participó el talentoso periodista y maestro Tartakower, que comentó:

“…Capablanca domina maravillosamente la técnica ajedrecista, gracias a su fogoso carácter cubano influido por el instinto práctico norteamericano… ¡Su juego es impecable! ¡Su mente trabaja con una precisión extraordinaria! ¡Su clarividencia rápida descubre las sutilezas de toda posición compleja! …”

Capablanca no defraudó, pues obtuvo fácilmente el primer premio al ganar once partidas y empatar cuatro de las quince que jugó. Aquí empezó a revelar la perniciosa influencia del sentido práctico norteamericano: ya no iba en pos del logro artístico, sino del económico y deportivo. En la partida con Rubinstein propuso el empate en la decimotercera jugada, lo cual explicó a un corresponsal del “Times” diciendo que había procedido con prudencia porque las tablas aseguraban el primer premio. Y en la que jugó con Alekhine, principal rival y ganador del segundo premio, las tablas se produjeron después del decimoséptimo movimiento, efectuado a la media hora de juego. Esto hizo que el aficionado inglés se preguntase:

¿He recorrido doscientas millas para presenciar unas tablas tan insultas?

Aparte estos prudentes y rápidos empates por razones monetarias, manifestó los primeros síntomas de pereza intelectual y de precaución deportiva extrema, de los cuales abusó en el transcurso de los años siguientes, porque creyó tener asegurada su reputación, tras vencer a Lasker y clasificarse el primero en el torneo de referencia. Y para satisfacer a sus amigos ingleses publicó poco después “Principios de ajedrez”, en que entre sus partidas figura una del ajedrecista aristócrata Jorge Thomas, con comentario de éste y suyos.

Durante el torneo Capablanca reunió a los posibles aspirantes al título mundial, como Alekhine, Bogoliubov, Rubinstein y Vidmar, y les presentó un plan elaborado por él con las condiciones para competir por el título; plan en que los cinco maestros citados estamparon su firma.

Esto fue el primer intento de reglamentar la opción al campeonato del mundo por parte de los aspirantes. Lo curioso es que las condiciones elaboradas por Capablanca, aunque insólitas entonces, rigieron después por varios años.

Veamos, aunque sea resumido, los principales puntos de aquel “protocolo londinense”:

1)            El encuentro se jugaría a seis partidas ganadas; los empates no serán computables.

2)           Se jugará cinco horas diarias y seis días a la semana, Cada jugador tendrá derecho a 3 días libres durante el encuentro.

3)           En el término de 2 horas y media deberán efectuarse cuarenta jugadas (hasta entonces se habían dado dos horas de tiempo para hacer treinta movimientos)

4)          Si la partida se da por finalizada en el término de las cinco horas de juego, la que proceda empezará al día siguiente.

5)           Los jueces de la competición serán elegidos por los propios contendientes.

6)          El campeón del mundo deberá defender el título en el transcurso de un año, a partir del momento en que baya recibido la citación.

7)           Al campeón del mundo no se le podrá obligar a defender el título si la bolsa no reúne diez mil dólares, aparte los gastos de viajes y estancia de los dos contendientes.

8)          Del fondo de la bolsa se entregará anticipadamente el veinte por ciento al campeón; de la cantidad restante, el vencedor recibirá el sesenta por ciento y el perdedor el cuarenta por ciento.

9)           Si el campeón del mundo acepta la citación, el que le cite depositará una fianza de quinientos dólares.

10)       El ajedrecista que conquiste el título mundial, deberá defenderlo de acuerdo con las condiciones arriba citadas.

La prensa ajedrecista y los maestros valoraron negativamente el punto referente a la fianza, y acusaron a Capablanca de ampararse detrás de un “baluarte de oro”. Sin embargo, no se puede decir que la suma fuese demasiado elevada ni su reparto injusto.

Lo difícil era reunir diez mil dólares, además de los gastos de viajes, manutención y alojamiento de los dos contrincantes, para jugar con el “invencible” Capablanca.

Los mecenas del ajedrez razonaban así:

¿Para qué gastar dinero en una competición, cuyo resultado se conoce de antemano? ¿Qué posibilidades tiene el aspirante? ¡Ninguna!

Hasta Alekhine tuvo dificultades en reunir la cantidad exigida, no obstante hallarse en la cumbre de la fama. A este respecto, dijo:

“…en 1927, se consiguió reunir la cantidad necesaria para el encuentro, que se celebraría en Buenos Aires, gracias a que Capablanca era muy popular en aquella capital, donde había actuado varias veces…”

Luego de haber concertado las condiciones económicas con todo posible aspirante a la corona ajedrecista, el campeón del mundo partió para los Estados Unidos de Norteamérica; allí se durmió s0bre sus laureles, por decirlo de algún modo. Indudablemente, creyó en su invencibilidad sin comprender que todo campeón debe perfeccionarse continuamente, por más dotado que sea; poner atención en la teoría; crear novedades; perfeccionar sus procedimientos deportivos; analizar el juego de sus futuros adversarios y estar a la altura de la vida artística en el mundo del ajedrez cuy0 máximo representante es él.

Estuvo dormido sobre sus laureles hasta el año 1924, salvo algunas intervenciones breves,  aunque sensacionales. Por ejemplo: en 1922, dio una sesión de simultáneas contra ciento tres tableros en la ciudad de Cleveland; ganó ciento dos partidas y empató una. Los entendidos en ajedrez se rieron encogiéndose de hombros, y los inexpertos se sorprendieron de aquella rotunda victoria sobre ciento dos contrincantes, lo cual le ratificó la fama de campeón del mundo.

¡Entre tanto, los adversarios de Capablanca no dormitaban!

A fines de noviembre de 1922, hubo un torneo internacional en Viena. Rubinstein ocupó el primer puesto y retó inmediatamente a Capablanca a defender su título; pero no consiguió el dinero necesario para ello.

Entregado por entero al ajedrez, Alekhine se perfeccionaba día tras día, profundizando en la personalidad artística de Capablanca, al que, en 1914, consideró como su futuro contrincante en la disputa por el título mundial. En el torneo de referencia, Bogoliubov y Reti hicieron grandes progresos, y Lasker, archivado antes de tiempo, se propuso demostrar a la afición que la pérdida de su título ante Capablanca había sido casual, y, en 1923, ganó merecidamente todas las partidas y el primer premio en el torneo de Moravska Ostrava.

Y en la Unión Soviética empezaba a evolucionar la vida ajedrecista que por primera vez recibía ayuda estatal, y la promoción de talentos jóvenes estaba poco menos que a la vuelta de la esquina.

Deja un comentario

Your email address will not be published.