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1908 – 1909 Capablanca Campeón de América


El invierno de 1908, el joven maestro hizo su primer recorrido por los Estados Unidos de Norteamérica; duró unas ocho semanas, y consistió en partidas de exhibición, jugadas con los campeones de varias ciudades del país, y en sesiones simultáneas que realizó con extraordinaria rapidez y elevado por ciento de victorias. ¡En las primeras diez sesiones, no perdió una partida siquiera! En ellas jugó quinientas sesenta partidas, de las cuales perdió doce y empató dieciocho. ¡El resultado de sus encuentros individuales es aún más sorprendente: de ciento treinta partidas perdió dos, con sólo dos tablas! Este recorrido le reafirmó en su reputación de futuro astro de primera magnitud en los círculos ajedrec1stas estadounidenses, y le permitió concretar un encuentro con el campeón norteamericano Marshall, vencedor en el torneo internacional de 1904, celebrado en Cambridg-Springs; en él aventajó al campeón del mundo Lasker y a otros maestros notables, entre ellos a Chigorín.

En su primer encuentro internacional, enfrentó al maestro norteamericano Eugene Delmar, a quien le ganó todas las partidas, a pesar de haberle otorgado ventaja de peón y salida. También ocupó el primer puesto en otras competiciones internacionales o ganó el primer premio en ellas, y, en 1907, jugó un encuentro con Lasker, valedero para el campeonato del mundo; mas no pudo ganarlo.

El encuentro Capablanca-Marshall empezó el 19 de abril y terminó el 23 de junio de 1909; tuvo lugar en varias ciudades norteamericanas, y finalizó con una sorprendente victoria del joven maestro cubano.

Aquí hay que señalar la perspicacia artística de Lasker, quien entonces, participaba en el torneo internacional de 1909, que tuvo lugar en San Petersburgo en el mes de febrero; mucho antes de comenzar el encuentro en cuestión, dijo que vencería Capablanca y que posiblemente habría de enfrentarse con él para disputar el título mundial.

La Revista de Ajedrez moscovita tomó a broma lo dicho por Lasker; pero éste decía la verdad pues se sabe que jugó con el joven Capablanca en el club de Manhattan y advirtió que era un contrincante genial.

Sobre su encuentro con el campeón norteamericano, Capablanca dijo:

“…La organización de este enfrentamiento no entrañó dificultades. Marshall lo aceptó, tal vez, con la confianza de que lo ganaría. Pero el resultado mostró que estaba en un error. Gané ocho partidas, empaté catorce y perdí una. Estoy convencido de que ningún ajedrecista ha obtenido un resultado com0 éste en su carrera deportiva, por cuanto fue mi primer enfrentamiento con uno de los diez mejores maestros del mundo! Lo más sorprendente es que jugué con él sin conocer la teoría de las aperturas Di consultar ningún libro… Todo mi caudal teórico era lo aprendido en la práctica y de oídas. La victoria me situó de pronto en el grupo de los maestros más sobresalientes. Este enfrentamiento reveló mil defectos en la apertura y mi eficacia en las posiciones “simples”. Mi potencia fundamental se manifestó en los finales y en las combinaciones del medio juego. Mi fino sentido de la posición intuía la posibilidad de ganarla o perderla, y supe defenderme tanto o más que los otros a situaciones difíciles, lo cual demostré varias veces al rechazar los contundentes ataques de Marshall. Debo añadir que mi estilo se distinguió por su variedad, aun cuando no tuviese forma ni perfección. Pude atacar y defenderme bien; combinar en el medio juego, y desenvolverme con soltura en los finales, por ser en ellos más eficiente que los otros ajedrecistas…”

Estas afirmaciones, insistentes y extrañas, podrían causar la impresión de que Capablanca desconocía la teoría de las aperturas, siendo un maestro como era. Desde luego, aquí hace gala de su talento y lo exagera; con todo, hay buena dosis de verdad. Pues, a principios de siglo, la teoría de las aperturas no estaba tan elaborada como en la actualidad; y bastaba conocer los métodos fundamentales del desarrollo de las piezas y de los peones en las aperturas al uso para tener una posición aceptable.

Y los conocimientos que adquirió en la práctica y de oídas en el transcurso de los ciento treinta encuentros que tuvo con los mejores ajedrecistas de los Estados Unidos de Norteamérica en su recorrido por las distintas ciudades del país supusieron indudablemente un caudal teórico considerable. Todo maestro práctico sabe qué provechoso es analizar detalladamente las partidas que ha ganado, empatado y ¡sobre todo!, perdido.

Por otra parte, Marshall tampoco era experto en la teoría de las aperturas, y en este encuentro subestimó evidentemente a su joven adversario y trató de hacer experimentos dudosos. Marshall fue un brillante maestro en el ataque por su estilo de juego, que le semejó a Mürat, quien vencía fácilmente a jugadores inferiores; pero fue impotente ante virtuosos en el arte de la defensa, como Capablanca y Lasker.

¡Por ello, no debe atribuirse a la casualidad o la suerte que el resultado del encuentro Marshall-Capablanca se pareciese al del Marshall-Lasker; esto es, +8 -0 =7 a favor de Lasker!

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