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1892 – 1904 El Nuevo Rey de Cuba

La pérdida de estas dos partidas no desanimó a sus seguidores, y atribuyeron este resultado al desconocimiento de la teoría de las aperturas. Y así, lo pertrecharon de manuales de ajedrez; estudió, sobre todo, uno sobre finales que, desde entonces, fueron su caballo de batalla.

Al cabo de dos años, se organizó el encuentro entre Capablanca y Corzo; encuentro que fue en realidad el campeonato de Cuba. Se proclamaría vencedor al primero que ganase ocho partidas.

Corzo volvió a ganar las dos primeras, lo que no desanimó al muchacho; pero sí a los seguidores de él. La tercera partida quedó en tablas; luego, fue ganando una tras otra, y Corzo logró entablar las otras cinco. Acerca de este enfrentamiento, Capablanca dijo posteriormente: “… aprendí mucha más teoría que en los manuales…”; desde luego, fue más eficiente en el medio juego y desarrolló con eficacia la posición, simplificándola con el cambio de damas.

El siguiente diagrama revela el razonamiento, original e independiente, del joven campeón cubano.

Esta posición se produjo en una de las partidas, pertenecientes al sobredicho encuentro; Corzo jugó con blancas. El último movimiento de las negras es 9, …, De7+ ; siguió 10. A2R, y la partida quedó en tablas. Más tarde, a Capablanca le dijeron que Corzo había analizado la posición y deducido que debía haber hecho 10.Rf2 en vez de 10. Ae2.

Por su parte, Capablanca la analizó y decidió usar la misma variante de apertura en la siguiente partida de la competición; en ella, Corzo hizo, en efecto, 10. Rf2 prosiguió…

02

10. …g3+ 11.Rg1 Cxd4 12.Dxd4 Dc5 13.Ce2 Db6 14.Dxb6 axb6 15.Cd4 Ac5 16.c3 Ta4 17.Ae2 Axd4+ 18.cxd4 Txd4 19.b3 Cf6 20.Ab2 Td2 21.Ah5+ Cxh5 22.Axh8 f3 23.gxf3 Cf4! 24.Ae5 Tg2+ 25. Rf1 Tf2+ 26.Re1 Cd3+,   y Corzo se rindió.

 03

Campeonato de Cuba – La Habana, 1901

Nombre

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

Total

J. Capablanca 0 0 = 1 = = = 1 1 = 1 = 0 7
J. Corzo 1 1 = 0 = = = 0 0 = 0 = 1 6

 

El joven teórico ganó esta batalla analítica, y se hizo famoso, como lo comprueba la siguiente anécdota: poco después de su encuentro con Corzo, visitó una pequeña ciudad y se dirigió al club de ajedrez. El campeón local, persona provecta y honorable, le preguntó si sabía jugar al ajedrez, y, tras una respuesta afirmativa le propuso hacer una partida; quitó del tablero el caballo de dama, y no le preguntó si le parecía bien o mal. En aquel tiempo era costumbre dar una pieza de ventaja a los ajedrecistas poco expertos. Esta circunstancia no causó enojo al joven Capablanca, que ganó pronto la partida; con la misma rapidez, ganó la segunda y la tercera. Sorprendido, su competidor advirtió que se enfrentaba con un ajedrecista digno de atención; por lo cual, continuó jugando con aquel escolar, pero sin darle una pieza de ventaja.

Sin embargo, Capablanca fue ganándole las siguientes partidas. El hombre se quedó estupefacto; no llegaba a comprender la causa de sus derrotas; de esa manera, la atribuyó al dolor de cabeza, a la mala suerte, a la casualidad y demás.

Entonces, Capablanca le ofreció un caballo de ventaja. Empezó una verdadera lucha, y el anciano hubo de rendirse, Se caló el sombrero y, mascullando un adiós, abandonó el local. Ya en la calle, volvió a entrar y le preguntó a su contrincante cómo se llamaba. Al enterarse de que había jugado con el campeón de Cuba, guardó respeto, pues, según él, ¡nunca hubiese imaginado que aquel niño pudiese jugar de aquella manera!

Posteriormente, cuando Capablanca llegó a campeón del mundo, el anciano en cuestión se jactaba de haber jugado con él y de haberle dado un caballo de ventaja en sus comienzos.

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