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1492 – 1890 Orígenes del Ajedrez en Cuba

Orígenes del Ajedrez en Cuba

 Esta isla, cuna de Capablanca, ocupa un lugar preeminente en la historia del ajedrez. Que este juego fue uno de los pasatiempos preferidos de la clase dirigente y la intelectualidad cubana quizás se debe atribuir al alejamiento de los centros culturales europeos y norteamericanos en una época en que se desconocía la radio y la televisión, y la información periodística no tenía las dimensiones actuales.

Componían la población emigrantes europeos y criollos, descendientes de los conquistadores españoles, dueños de las plantaciones de caña de azúcar, de café, de tabaco y de plátanos, en las que trabajaban negros y mulatos.

Los potentados y funcionarios de la Administración española entretenían el ocio sentados horas y horas frente al tablero de ajedrez. En La Habana había un lujoso Club, cuyos directivos no reparaban en gastos si se trataba de invitar a los ajedrecistas europeos y americanos más importantes de aquel entonces. En 1862, el legendario Morpby visitó la capital y jugó una serie de partidas con el negro Félix, campeón de la isla y esclavo del plantador Sucre.

A fines del siglo pasado y principios del presente, los campeones del mundo Steinitz y Lasker, los destacados maestros ingleses Black-Burne y Gunsberg y los campeones norteamericanos Pillsbury y Marshall visitaron La Habana. Pero Miguel Ivanovich Chi1orift fue el que gozó de mayor popularidad en Cuba, pues el club antedicho le invitó a realizar sus históricas competiciones valederas para el campeonato del mundo el año 1889 y su encuentro con Gunsberg en 1890. El gran maestro ruso jugó también varias partidas con los ajedrecistas cubanos más famosos.

La campeona María Teresa Mora visitó Moscú el invierno de 1949, para tomar parte en el campeonato mundial femenino. Dice:

“…En mi país suena todavía el nombre del genial ajedrecista ruso Miguel Ivanovich Chigorin, que compitió con Steinitz y con Gunsberg en la capital. Sé de aficionados que coleccionan los más diversos materiales de la estancia de él allí. Hay quienes lo conocieron y fundaron con él. Entre ellos se cuenta al octogenario Guillermo López Raviros, quien jugó, en 1889, con el maestro ruso, que le dio un peón de ventaja. En ocasiones, juego con este anciano, para prepararme…”

Pero el ajedrez tomó carácter popular en Cuba después de la caída del régimen dictatorial de Batista, y del triunfo del movimiento popular en 1959. Tras la nacionalización de la industria y del comercio y de la reforma agraria, el país empieza su revolución socialista.

Pronto se desterró el analfabetismo, y todos los progresos culturales estuvieron al alcance de las masas. La fama de Capablanca ha contribuido bastante al que el ajedrez goce de popularidad entre los trabajadores.

Nuestro Club muestra su infinito afecto a nuestro ilustre compatriota.

Este gran maestro no sólo llena de orgullo a los cubanos, sino también a los ajedrecistas de todo el mundo que estudian una y otra vez las joyas de arte ajedrecista que nos ha legado.

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