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Las hermanas Polgar

 

Las hermanas Polgar

“Trabajamos bajo la falsa impresión de que el niño es naturalmente inepto y deficiente”. Boris Sidis

Laszlo Polgar pedagogo, ajedrecista y autor de varios libros sobre el juego ciencia, fraguo un plan y fue entonces que le escribió a una maestra de escuela, proponiéndole un singular experimento: casarse, tener hijos y educarlos dentro del hogar, para demostrar que es posible, que cualquier niño con una inteligencia normal, puede lograr hazañas creativas e intelectuales.

La idea no era nueva, ni original de Laszlo.

Boris Sidis nació en Rusia en el año de 1867 A los 17 años, se incorporo al movimiento revolucionario ruso; fue encarcelado, por enseñar a los campesinos a leer, en contra de una ley zarista. Después de su liberación, la policía siguió interrogándolo a base de tortura.

Ante esta situación Boris decidió huir del país y llegó a Nueva York recién cumplidos los veinte años. Estudio medicina, y después la especialidad de psiquiatría.

Este intelectual, políglota, poseedor de una amplia cultura, contemporáneo de Freud, (pero que nunca estuvo de acuerdo con las teorías del padre del psicoanálisis) decidió educar a su hijo contraviniendo las ideas de la época.

La psicología de ese tiempo razonaba que la inteligencia era hereditaria, por lo tanto se oponía de forma rotunda a una educación temprana de los escolares.

Boris Sidas no opinaba igual y explicaba: “Por precocidad se entiende la manifestación de ciertas funciones mentales en el niño en un período más temprano que el que se ha observado en las generaciones pasadas y presentes. Lo que en el presente es considerado como “precocidad” y por lo tanto anormal puede realmente en el futuro ser algo común.

La aparente precocidad se puede convertir en un fenómeno normal. La educación temprana es un hito fundamental en la vida humana. “Un retraso en la educación daña el crecimiento del niño disminuyendo su nivel de actividad mental. Los momentos críticos, las mejores energías para el desarrollo no se tienen en cuenta en el momento apropiado. Trabajamos bajo la falsa impresión de que el niño es naturalmente inepto y deficiente.

Conducimos la mente del niño por canales estrechos atrofiando y deformando su mente hacia la mediocridad. Sí el niño se desenvuelve en los rígidos moldes del hogar y la escuela el resultado será una permanente mutilación de su originalidad y genio”

Boris advertía sobre la necesidad de ser cuidadosos para no encasillar al niño en moldes rígidos, para no sujetar su mente y su carácter al yugo de manierismos y formalidades estrictas. Así propone ser respetuoso de la personalidad del niño y subrayar que hay un genio en cualquier niño saludable y normal.

Para Sidis el niño representa el futuro, todas las posibilidades y toda la grandeza de la raza humana. El niño mira al mundo con ojos simples, claros y brillantes sin estar cegado por el peso de las tradiciones, supersticiones y prejuicios de épocas remotas.

 

Sidis recomendaba despertar el genio del hombre dándole al niño una educación temprana y asegurando: “Debiéramos tener en cuenta que el conocimiento de los escolares de hoy sobrepasa la sabiduría de los doctores del Medioevo”

Al comienzo debemos hacer el mayor uso de los primeros años tanto como sea posible, por ejemplo, la tendencia a posponer el ingreso a la Universidad como lo han hecho muchas instituciones, es biológicamente erróneo. Sería más adecuado permitir al joven que ingrese lo más temprano posible a la Universidad, se gradué antes y comience su práctica antes mientras su poder de aprendizaje es mejor”

La idea de que la mente del niño pequeño, debe dejarse en barbecho, – aseguraba Boris- es totalmente errónea y perniciosa. El niño es esencialmente un animal pensante. Ningún poder sobre la tierra le puede impedir usar su mente. Desde el momento en que sus ojos inquisitivos miran su entorno se inician los procesos mentales que la educación tiene por objeto guiar y desarrollar. Él observa, saca conclusiones de todo lo que ve y escucha, trata de dar expresión a sus pensamientos.

Psiquiatra Boris Sidis

Estas ideas las experimentó en la educación de su hijo William James Sidis, este nació el 1 de abril de 1898 en Nueva York.

Sarah Mandelbaum -la madre de William- junto con su padre Bernard, también huyeron de Rusia. Sara y Boris se conocieron en 1891. Ella estaba sorprendida de la inteligencia de Sidis y se enamoró pronto. Boris le parecía agradablemente sabio, encantador y un ser amable.

Bajo la tutela de Boris, Sarah cumplió su sueño de ser médico. Contrajeron matrimonio en 1892, y en este año Sarah se matriculó en la Facultad de Medicina de Boston. Al inicio vivieron en una buhardilla de dos cuartos.

Boris Sidis obtuvo cuatro títulos en Harvard, como psiquiatra escribió sobre psicopatología, entre otros textos: “Estudio experimental de sueño”, “La Psicología de la risa”, “La causalidad y tratamiento de enfermedades psicopáticas”, y “La fuente y objetivo del progreso humano”habitaciones.

La publicación de su trabajo “Psicología de la sugestión”, demostró que como investigador de la psique,era un pensador original. Boris no intento crear una escuela con sus descubrimientos, a pesar de ser un pionero en muchos campos de la psicología.

Sara reflexionaba respecto a la educación: “El miedo en el niño es un gran obstáculo en los procesos de aprendizaje La “disciplina” o castigo crea miedos subconscientes que afectan a la vida adulta. Si podemos evitar el miedo, la mente se desarrolla mucho mejor.

Si usted dice ‘No’ a un niño sin explicar por qué puede estar mal, entonces usted ha configurado un bloque que será difícil para el niño superar. Los primeros años son los más importantes para ayudar al niño a aprender sobre el mundo que le rodea, después él se va a cuidar de sí mismo.

Además de evitar el castigo, siempre se deben mantener la curiosidad del niño. Siempre se debe responder a sus preguntas. Nunca obligue al niño a aprender algo que no le gusta o no está interesado”

Boris usó la sugestión como un factor para educar a su hijo. Ideó para el niño una habitación, alegre, bien iluminada, decorada con fotos atractivas. Una pequeña mesa de trabajo la ubicó en un rincón de la habitación, con papel y lápiz.

Frente a la cama del niño colocó una pequeña biblioteca con los libros comunes que disfrutamos en la infancia: canciones de cuna, cuentos de hadas, libros de imágenes. Pero también instaló lecturas distintas, como cuentos sencillos de viajes, libros de historia, textos sobre la ciencia, y otros contenidos culturales. Todos con bellas ilustraciones.

Cuando el niño creció, se añadieron libros de carácter más avanzado, de literatura, de biografías y de matemáticas. Ubicó cerca de la ventana, un gran globo terráqueo giratorio, donde se podía apreciar a los países del mundo, además de juguetes con base científica.

Así aquel cuarto se convirtió en un mundo mágico y didáctico, que despertó en el niño su amor por el conocimiento.

Sidis escribió: “En los primeros años es cuando el niño debe ser enseñado a observar con precisión, a pensar correctamente. No quiero decir con esto que el niño debe ser privado de los juegos. Mi niño juega con sus juguetes y juega con sus libros. Y esa es la clave de toda la situación, el estudio es verdaderamente el juego”.

El Dr. Sidis le compró a su hijo canicas, un domino e inventó juegos que requerían sumar, restar multiplicar y dividir. Así el niño aprendió jugando los principios que subyacen en la ciencia de las matemáticas. A los once años James se encontraba especializándose en matemáticas avanzadas.

William James Sidis

A la edad de tres años y medio James dentro de la oficina de su padre y lo vió escribir a máquina, entonces el niño se quedo observando el movimiento del carro hacia adelante y hacia atrás, oyó el tac tacatac, el teclear contra el papel, el sonido de la campana y el uso de la palanca superior para cambair de linea.

Entonces preguntó a su padre ¿Cuál era esa máquina? ¿Cómo funcionaba? ¡para que servía? ¿El por qué del ruido de la campanita? y muchas más preguntas más.

Su padre lo sentó sobre sus rodillas e hizo que el niño, aplicara sus pequeños dedos sobre las teclas, y leyera las palabras que su padre poco a poco escribía sobre el papel. Esta primera lección fue seguida, por otras y en pocos meses, cuando sólo tenía cuatro años de edad, ames ya mecanografiaba con pericia.

William James Sidis

Boris Sidis educó junto con su esposa, a su hijo, al que convirtieron en un genio. La educación primaria, la realizó en siete meses. El joven James podía leer el “New York Times” a la temprana edad de 18 meses, y a los ocho años conocía 9 idiomas: inglés, latín, griego, francés, ruso, alemán, hebreo, turco, y armenio, y a los 7 años inventó un idioma: el “Vendergood”. En el transcurso de su vida llego a dominar 40 idiomas.

Escribió varios libros siendo aún niño. Estudió en el MIT Massachussetts Institute of Tecnology) y a los 8 aprobó el examen de la Universidad de Harvard, pero esta institución se negó a matricularlo. Sin embargo a la edad de 11 años James fue admitido.

A los nueve años dicto un seminario de hora y media, explicando sus conocimientos a 75 profesires de Harvard sobre la cuarta dimensión. Les explicó vocablos como “sextacosiahedragon”, “hecatonicosahedragon” ideados por el precoz niño.

A los 16 años se graduó, obtuvo su Licenciatura en Artes grado, cum laude, después se decidió por el estudio de las leyes, abandonando sus estudios poco antes de graduarse.

“El genio es igual a trabajo y circunstancias afortunadas” dijo Laszlo Polgar. James Sidis recibió una inmejorable educación, pero no contó con esas circunstancias afortunadas. Desde muy niño debió pagar el precio de la fama por ser un genio; el acoso de los periodistas durante toda su vida, persecución que fue hiriente, cruel y despiadada. Así como amenazas de agresiones físicas, por parte de sus alumnos en Harvard.

James Sidis además de los conocimientos que le brindo su padre y su madre, asimilo la naturaleza retraída y la rebeldía de su padre Boris, a quien le absorbían sus problemas de trabajo y tenía escaso contacto con sus colegas y compañeros de trabajo.

En 1919, poco después de abandonar la escuela de derecho, fue detenido por participar en una protesta socialista en contra la guerra, el 1 de mayo, – Día Internacional de los Trabajadores- en la ciudad de Boston.

Fue sentenciado condenado a dieciocho meses de cárcel. Durante el juicio Sidis rechazo ser reclutado invocando la objeción de conciencia. En la prisión conoció a la única mujer que amo, una irlandesa, la socialista Martha Foley.

Los medios de comunicación lo hostigaron. Su padre negoció con el fiscal su libertad bajo fianza y James salió del penal, con la condición de ser supervisado por un terapeuta, que es este caso fue su padre.

Sus padres lo mantuvieron en su sanatorio en New Hampshire, en esta institución permaneció durante un año. Después lo trasladaron a California, en esta ciudad, por el lapso de un año más, continuó en otro hospital. Sus padres se empeñaron en “reformarlo” apremiándolo con el ultimátum de internarlo en un psiquiátrico.

Posteriormente James recordaría ese época de asilo en las clínicas, como una tortura mental.

El joven James, rebelde, se aparto de la academia, desertando de la enseñanza (Sidis impartía clases, como experto en matemáticas aplicadas en la Universidad de Ric). Huyó de su comunidad y se alejo de sus padres.

Sidis estaba decidido a encontrar la intimidad y es comprensible, seguramente se sintió traicionado por sus padres.

“Quiero vivir la vida perfecta, y la única manera de hacerlo es vivir en reclusión” declaró James a un medio periodístico.

El joven James Sidis se aisló y vivió como una persona más, dentro del anonimato,alejado de la prensa, con empleos de escasa importancia y poco remunerados.

A juicio de la sociedad que le toco vivir, James asumió una forma excéntrica de vivir. Pero antes esta misma colectividad lo hostigó, por haberse convertido en un niño genio.

El joven se dedico a escribir numerosos libros bajo un seudónimo. Entre los muchos textos que publicó, toco el tema de la cosmología, en este texto predijo los agujeros negros, 14 años antes de que lo hiciera Subrahmanyan Chandrasekhar

Laszlo y su esposa Clara, decidieron que sus hijos por venir, se dedicarían a estudiar dentro del hogar e instruirse en varios conocimientos; primero los que normalmente se aprenden en la escuela. Practicarían algún deporte, se les enseñaría idiomas –alemán e inglés- además matemáticas de alto nivel, pero sobre todo aprenderían el ajedrez. Al cual las niñas le dedicarían 8 horas diarias.

Como era de esperarse entre planes, juegos de amor y ajedrez engendraron a su primera hija, quien pronto se integró al experimento, después vino al mundo una segunda hija, y una tercera más.

Así las tres hermanas Polgar se dedicaron a instruirse en los secretos del ajedrez, bajo la tutela del padre y de los expertos en el juego ciencia.

Ellas contaban con miles de libros de ajedrez, además de cientos de fichas técnicas. Laszlo encontró la ayuda de grandes maestros, desentrañando para sus hijas, las respuestas a los entresijos del ajedrez, adentrándolas en sus laberintos y que se admiran de su belleza. Ellas cada día asimilaban, más allá de la compresión normal, de quien estudia solo y aislado.

Quizá Laszlo exageró porque en su decir, no dejaba a las niñas perder el tiempo viendo televisión o perderlo jugando con otros niños. Un punto a favor de este psicólogo, padre de las niñas; es que no le importaba, si ellas perdían partidas, ello no tenía consecuencias para las niñas. El padre sabía que se aprende con la experiencia, y que perder es otra forma de formarse para llegar a la excelencia. Que no hay un substituto para la experiencia.

Las niñas no fueron maltratadas en ese sentido. Finalmente Laszlo y Clara su esposa, se salieron con la suya, hicieron de sus tres hijas genios.

Kasparov, comento en su día “Ellas son como un perro entrenado” Es curioso que quien se forjó desde su infancia, con el ex campeón del mundo Botvinnik, de una forma rigurosa y severa, lo dijera. Quizá con conocimiento de prueba.

Es obvio que un entrenamiento en esas condiciones se vuelve obsesivo. Alguna vez una de las hermanas, Sofía, seguía a altas horas de la noche abrumada, moviendo las piezas del ajedrez, e intentando encontrar alguna solución. Una de sus hermanas le dijo cariñosamente. “Ven deja ya las piezas, ven a dormir”, a lo cual con sueño, ella contestó: ¡no puedo son las piezas las que no me dejan a mí”

Las hermanas Polgar

Short el Gran Maestro jugo partidas rápidas, con las más pequeña de las Polgar, al cumplir ella los ocho años, difícilmente pudo empatar, una de las tantas decenas de partidas que jugó contra ella. Todo entre la admiración de los presentes. Con un gesto de victoria Short exclamó: ¡He conseguido empatar!

“Mis padres no son buenos jugadores de ajedrez pero sin su trabajo, su amor, su devoción y un duro trabajo, no se hubiera dado tal éxito. Mi padre desde antes de que naciéramos creía firmemente que los genios se hacen, no nacen.

En su libro “Educación de un genio” explica la importancia de enseñar a los niños desde una edad temprana, así como especializándolos en alguna materia, que en nuestro caso fue el ajedrez.

Mi madre escribió su tesis sobre la educación y Laszlo mi padre es autor de numerosos libros educativos y de libros sobre ajedrez. Él es también el inventor de problemas de ajedrez y publicó una serie de libros sobre el tema”

Sofía Polgar también enunció: “Gracias a la educación de mis amorosos padres Klara y Laszlo, nos convertimos en las hermanas Polgar, y estoy orgullosa de ser la de en medio, soy la más “débil” de las tres! Judit es la mejor jugadora en la historia del ajedrez y uno de los mejores jugadores del mundo. Susan, también, es un verdadero campeón y hace un trabajo tremendo por ser una embajadora del ajedrez.”

Las hermanas Polgar

Susan ha mencionado: “Les agradezco a mis padres, sobre todo que siempre hayan estado ahí y nos hayan dado ejemplo para que fuéramos personas buenas y positivas”, “Mi padre es un visionario. Él siempre piensa en grande, él piensa que la gente puede hacer mucho más. Mi padre cree que el talento innato no es nada, que el éxito es un 99 por ciento de trabajo duro y estoy de acuerdo con él.”

Laszlo Polgar Although realizó un estudio profundo de la infancia de los genios. El ejemplo arquetípico fue: Wolfgang Amadeus Mozart, que a la edad de cinco años ya componía, y que es el típico ejemplo de un niño que hereda dones especiales.

Pero Laszlo, señaló que esto no era tan verdad, ya que el padre de Mozart Leopold, también fue músico y que dispensó a su hijo una importante escolarización temprana, inestimable.

Laszlo concluyó que la formación especializada es más importante que el talento natural “El genio es igual a trabajo y circunstancias afortunadas”. Por circunstancias afortunadas, Laszlo entiende: un hogar feliz que él y su esposa Clara le brindaron a sus hijas. El trabajo duro con el padre de las niñas estaba garantizado.

 

Judit ha triunfado sobre: Garry Kasparov,(Judit le demostró a Kasparov que una mujer ajedrecista puede ganarle al número uno y también tener hijos) Anatoly Karpov, Boris Spassky, Vasily Smyslov, Veselin Topalov, Viswanathan Alexander Khalifman, Ruslan Ponomariov y Rustam Kasimdzhano

Judit es la mejor ajedrecista de todos los tiempos, la única que ha estado en la élite – entre los diez mejores jugadores del mundo-, dentro del Elo masculino-

Cuando Judit cumplió los 15 años Pal Benko, quien entrenó a las hermanas Polgar, dijo: “Ella es peligrosa, no juega al ajedrez como una mujer.”

A los quince años, Susan ya era la jugadora mejor clasificada dentro de las mujeres en el mundo. En 1985 en el Abierto de Nueva York, causó sensación al ganarle a un gran maestro por primera vez.

En 1989 Judit con solo doce años, ganó una tras otra, ocho competiciones. Ha sido campeona del mundo en cuatro modalidades distintas. En 1991, cuando Susan tenía 21 años, obtuvo en título de Gran Maestro.

A los catorce años, Zsofia había triunfado sobre cuatro grandes maestros. Resultado asombroso, ganó el torneo de Roma, con una puntuación de 8,5 puntos sobre 9 posibles.

En la Olimpiada de ajedrez, el primer equipo que consiguió vencer por delante de Rusia fue el húngaro, dos de sus integrantes fueron, dos de las hermanas Polgar, que se ubicaron en los dos primeros tableros.

La broma era decir, que aquel año el equipo campeón fue Polgaria.

Los padres de las niñas Polgar tuvieron serias dificultades para poder educar a sus hijas dentro de sus planes y en casa, porque se encontraron con la férrea oposición del estado Hungría, en ese entonces con una política comunista.

Tanto los progenitores de las Polgar y su experimento educativo fueron una preocupación constante para el gobierno, por ello fueron vigilados. Se pensó incluso enviar al padre alguna institución psiquiátrica y resguardar a las niñas.

Pasado el tiempo, se cuenta que Laszlo solicitó a las autoridades húngaras que le permitieran adoptar a un bebé africano, o chino, o de cualquier nacionalidad.

— ¿Para qué? —le preguntaron.

—Para hacerlo Premio Nobel —dijo él.

— ¿Premio Nobel de qué? —le preguntaron.

—De lo que ustedes quieran.

Las autoridades no le permitieron la adopción.

 

Así un niño perdió la oportunidad de haber contado con un hogar, y ser feliz, con una educación temprana. Quizá la humanidad se perdió de otro premio Nobel.

Publicado por Gabriel Capó Vidal

 

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